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16-12-1808. BATALLA DE LLINÁS O DE CARDEDEU

Rendida Rosas (ver 5 de diciembre), apresuróse el ilustre general Gouvión Saint-Cyr a marchar en auxilio de Barcelona, que las cartas de Duhesme suponían en inminente peligro de perderse. El día 8 se encontraba ya con unos 16.000 hombres y 1.500 caballos (Constituidas dichas fuerzas por las Divisiones Pino, Souham y Chabot. La de Reille debía continuar en el Ampurdán encargada de guarnecer las fortalezas de Rosas y Figueras.) en la orilla izquierda del Fluviá; cruzó este río el 9, para alojarse en Mediña, y enviando el 11 toda su artillería a Figueras, después de haber estado maniobrando el día anterior como para emprender el sitio de Gerona, tomó el camino de La Bisbal, donde distribuyó a las tropas raciones para cuatro días y 50 cartuchos por plaza, y con otros 150.000 cartuchos en acémilas, único repuesto que llevaba, siguió el 12 a Castell d'Aro, cerca de Palamós, manifestando ya claramente su propósito de enderezar su marcha a la capital del Principado: operación arriesgadísima y muy expuesta a un desastre análogo al de Bailén si los españoles hubiesen procedido con más acierto y diligencia; pues vigilado el camino del litoral por los buques británicos y cerrado el del interior por la fortaleza de Hostalrich, habiendo podido oponérsele de frente en cualquiera de ellos, en buenas posiciones elegidas de antemano, la mayor parte de las tropas que reunía el general Vives en el llano de Barcelona, unos 20.000 hombres, y otros 8.000 que al mando del marqués de Lazán quedaban a su espalda en Gerona, además de los tercios de Milans y migueletes de Clarós, el experto general francés podía haber sido aniquilado, víctima de su buen deseo de salvar Barcelona, que entonces habría tenido forzosamente que sucumbir. Pero Vives, al tener noticia el 11 del movimiento de su adversario, se limitó a mandar a Reding a Granollers con sólo su División (4.000 hombres), y el 15 se decidió a reunirse él en persona a su teniente con otros 4.000 hombres, dejando frente a la capital los 12.000 hombres que mandaba el conde de Caldagués, contra el cuerdo parecer de éste, que en el consejo celebrado opinaba por dejar sólo 4.000 hombres en observación de los sitiados y marchar con todas las fuerzas restantes al encuentro de Saint-Cyr.

Los imperiales entretanto no habían desperdiciado el tiempo. El 13 por la tarde se encontraban en Vidreras, cuando Lazán, desengañado ya del error en que estaba sobre las intenciones del enemigo, se había movido al cabo de Gerona hacia Casssa de la Selva; pero fue contenido fácilmente por la División Souham que, cubriendo a la División italiana de Pino, permitió a éste abrirse paso el 14 hasta Massanet y Martorell, junto al Tordera, a cuyas excelentes posiciones no habían llegado todavía las tropas de Vives, pues sólo el 16 por la mañana muy temprano llegaban sus avanzadas a Llinás, donde se encontraron con las del enemigo. Este había eludido el día anterior pasar bajo los fuegos del castillo de Hostalrich dando un rodeo, a la desfilada y los caballos del diestro, por un sendero apenas conocido, para volver a tomar luego la carretera y continuar sin detenerse hasta salvar el desfiladero de Trentapasos, en cuyos altos estableció su vivac a más de las diez de la noche.

Los españoles, en presencia de sus contrarios, se replegaron a las faldas de las eminencias en que se asienta Cardedeu, estableciéndose en ella en dos líneas: una avanzada sobre el barranco para dominar mejor las avenidas, y la segunda en la parte más alta; Vives en el centro, sobre la carretera; Reding a la derecha y a la izquierda los somatenes de Vich. El general Pino, cuya División iba en cabeza, a pesar de la orden terminante de Saint-Cyr de acometer a los nuestros y abrirse paso en la formación de columna que llevaba, considerando peligroso emprender de este modo el combate, dispuso atacar las dos alas españolas para favorecer la acción sobre el centro, lo que se llevó a cabo con tan mala fortuna, que la brigada Mazzuchelli, la de la izquierda, quebrantada por el certero fuego de la artillería, fue repelida con grandes pérdidas y destrozado uno de sus regimientos por el de Húsares españoles, que mandaba el coronel Ibarrola, quedando prisioneros dos jefes, 15 oficiales y unos 200 soldados. No salió mejor librada la columna que sobre nuestra izquierda dirigió el general Fontane, rechazada también por los Migueletes de Vich, y difícilmente habría salido de su apuro Pino, si en aquellos momentos no hubiese llegado su General en jefe al campo de batalla. No siendo ya posible realizar su primitivo proyecto, hizo repetir el ataque a la División italiana, ya rehecha, y reforzada por la de Souham, que contuvo a las tropas de Reding, mientras Fontane, volviendo por su honor, arrolla las tropas irregulares de la izquierda española, coadyuvando en seguida por el flanco al ataque del centro, por donde se abrió al fin paso hacia Cardedeu la caballería italiana. Reding permaneció en sus posiciones hasta el último momento, cuando confundido ya con sus adversarios, tuvo que huir por donde le fue posible, salvándose gracias a la velocidad de su caballo. Vives fue a parar a la marina, embarcándose en Mataró para tomar tierra en la derecha del Llobregat; tan sólo se libraron de la dispersión general, replegándose en buen orden hacia Granollers, los bravos húsares de Ibarrola, una sección de artillería, dos piezas de las siete que habían concurrido a la acción y pudo retirar el teniente del arma don Domingo Ulzurrum, y algunos cuerpos de Infantería, conducidos por el brigadier de Artillería don Martín García Loygorri (Por el mérito contraído se concedió a dichas fuerzas un escudo de distinción), hasta que se presentó en San Cugat de Vallés el general Reding desde Montmeló y se retiró con estas tropas a Molins de Rey (ver 21 diciembre), donde se encontraban ya las del conde de Caldagués, el cual había levantado su campo de Barcelona a la aproximación del ejército de Saint-Cyr, cuya División Pino campó por la noche junto al río Besós, teniendo aquél que abandonar al enemigo en Sarriá sus almacenes de víveres y municiones (En la mañana del 16 rechazaron todavía una salida general que verificó Duhesme).

Perdiéronse en esta fatal jornada más de 1.500 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, y además dos banderas y las cinco piezas de artillería de que se ha hecho mención.

El marqués de Lazán y el coronel Milans del Boch no pudieron llegar al campo de batalla a tiempo de evitar o aminorar al menos el desastre, retrocediendo el primero a Gerona; el segundo se mantuvo algunos días en Arenys sin ser molestado.