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BENAVENTE Y SUS CONTORNOS DURANTE LA

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.

Fernández Brime, Fernando. Apuntes históricos de la Villa de BENAVENTE y sus contornos. Imp. y lib. de la Viuda de Cuesta e Hijos, Valladolid 1.881.

Edición facsimilar realizada en el año 1999, por el Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo"; cortesía de don José Mariño


En enero de 1808, Dupont que había entrado por el Norte de España con veinticuatro mil hombres y tres mil quinientos caballos, se dirige a Valladolid. En mayo, el capitán general de Galicia, Filangieri, situó su Cuartel general en Villafranca del Vierzo, donde fue asesinado. Le sustituyó don Joaquín Blake, coronel del regimiento de La Corona y a quien la Junta hizo Teniente general. Don Gregorio Cuesta era capitán general de Castilla la Vieja, con residencia en Valladolid.

A principios de julio, Merle y Lacalle hostigaron a los españoles desde Valladolid a León con cuatro batallones y 700 caballos. Cuesta, por la derrota de Cabezón, el día 12, se retiró a Benavente, donde recibió un Cuerpo de Estudiantes de León, otro de Covadonga y además reclutas. Él tenía que instruir los paisanos de don José Zayas. Blake para adiestrar su gente la colocó entre el Teleno y La Cepeda. En este mismo mes bajó a unirse a Cuesta, llevando veintisiete mil infantes, 150 caballos y treinta piezas de campaña. En Manzanal dejó seis mil hombres y otros mil en la Puebla al mando del marqués de Valladares. Quedando en Benavente la tercera división a las ordenes de Riquelme, se encaminó Cuesta hacia Rioseco. Su caballería se componía de los Guardias de Corps, el regimiento de la Reina y un escuadrón de Carabineros. Se componía todo el ejército de quince mil hombres, mas veintidós mil los de Cuesta y Blake y quinientos caballos. Bessieres salió de Burgos con doce mil infantes y mil quinientos caballos, y el 14 de julio se puso a la legua y media de Rioseco. La tarde antes entró Blake en Rioseco para unirse a Cuesta. A las dos de la mañana del 14 tomó posiciones Blake y a las cuatro Cuesta. Vino el momento de la acción, siendo de funestos resultados para los españoles, poco preparados para la lucha, pero con valor sobrado para hacer frente a los vencedores de casi toda la Europa. Les costó esta batalla cuatro mil hombres entre todos y quince piezas de artillería. Los franceses perdieron 700 heridos y 300 muertos. A esto siguieron los atropello en Rioseco, retirándose Cuesta hacia León y después hacia Salamanca. El 19 de julio llegó a Benavente el general Bessieres con ocho o nueve mil hombres en persecución del resto de los españoles del ataque de Rioseco.

El 12 de noviembre, Napoleón, que entró en España con doscientos mil infantes y cincuenta mil caballos, esperó en Burgos para saber las intenciones de Moore, inglés, que estaba en Salamanca con treinta mil infantes y cinco mil caballos. Sobre el 3 de diciembre entró Napoleón en Madrid, el 22 pasó por Guadarrama con sesenta mil hombres.

Moore el 14 iba hacia Valladolid, mas luego torció hacia Toro y Benavente para incorporarse con Baird y el marqués de La Romana a fin de destrozar a Soult. El 24 entró Moore en Benavente con una columna de tropa relajada e indisciplinada. Después de haber arruinado el puente de Castrogonzalo, se juntó el 29 en Astorga con la columna de Baird.

La caballería permaneció en Benavente, enviando destacamentos a observar los vados del Esla con un temporal malo, que retardaba las marchas de Napoleón. Engañado a su vista el general francés Lefebvre Desnovettes y creyendo que no quedaba al otro lado más fuerza inglesa que aquella, después de hacer atravesar el río a un paisano montado en una yegua, le vadeó él con 600 de la Guardia imperial y acometió impetuosamente a sus contrarios, que cejaron al principio. El general Stewar tomó luego el mando de los destacamentos ingleses, se le agregaron algunos caballos más y empezó a disputar el terreno a los franceses, quienes continuaron, no obstante, en avanzar hasta que Lord Paget, acudiendo con un regimiento de húsares, les obligo a repasar el río. Debe citarse aquí este acontecimiento, ocurrido en el llano que hay desde Benavente al Esla, por haberse contado entre los setenta prisioneros, que hicieron los ingleses, el mismo general Lefevbre, bien conocido en el primer Sitio de Zaragoza.

La noche del 29 sirvieron de luminarias los gallardos pinos existentes en la altura, espalda de los hospitales, sintiéndose a cada paso disparos de la artillería francesa que venían del otro lado del río, contestados débilmente por la inglesa, cuya fuerza se vió haber desaparecido totalmenete a la mañana, siendo reemplazada por un silencio y soledad pavorosos, signo precursor de la más espantosa catástrofe.

En efecto, el día 30 por la tarde empezó a pasar el puente de Castro el poderoso ejército de Napoleón, parte del cual describió una curva por León, reuniendo una fuerza de setenta mil infantes, y diez mil caballos, entrando el mismo día el Emperador en esta Villa, alojándose en la casa de Nuñez, de la plaza de los Bueyes.

La consternación del pueblo no pudo ser mayor, fugándose cuantos pudieron. En el siguiente día 31 se lee en un libro del convento de San Bernardo, se dispersó esta comunidad, abandonando el monasterio a causa de la irrupción de los franceses sobre esta Villa. Y como la fuga fue precipitada y no se encontraban caballerías ni carros de transporte, fue preciso abandonar toda la plata y alhajas de la comunidad, y hasta los particulares no pudieron salvar otra cosa que los vestidos puestos y el Breviario, apoderándose los enemigos de la plata, vestiduras sagradas y demás alhajas. Y que mucho que estas fieles esposas de Jesucristo abandonaron todo cuanto tenían, cuando estaban ciertas de que hasta al mismo Dios insultaban? La insolencia y el desenfreno de estos vándalos era igual a su impiedad. Yo que escribo esto (Fr. Luís Solís) saqué de las manos de estos sacrílegos un copan con las sagradas formas.

Sorprendida el día 29 en Mansilla la segunda División de La Romana y viendo Moore en Astorga a los españoles, creyó no poder sostenerse en la Península, huyendo en consecuencia por Manzanal con 19.000 hombres, muy insubordinados y pereciendo luego en la Coruña, estando enterrado en el Campo de San Carlos. El marqués de La Romana marchó por Foncebadón al ver lo inútil que era resistir al poderoso enemigo que se le echaba encima.

El 1 de enero de 1809 salió Napoleón de la Villa, marchando a galope para Astorga, a pesar del mal temporal y la nieve, dejándo el puente de la Vizana, cortado por los ingleses y pasando al de Cebrones, cerca del cual se detuvo a informarse de un correo que traía la declaración de guerra del Austria. Esto le hizo volver desde Astorga el 6, poniéndose en un solo día en Valladolid; después de ordenar a Soult continuara la persecución de los ingleses con veinte mil infantes y cuatro mil caballos, tomando por Foncebadón y Manzanal.

Mientras el paso de las tropas invasoras que duró más de ocho días, sufrió esta villa mucho, ocurriendo algunas desgracias que serán siempre lloradas porque son irreparables.

El exconvento de S. Francisco de los Observantes de Santiago, que está frentado al hospital de la Piedad, era la casa capitular de la Provincia, suntuosa y hermosísima en todas sus partes, donde se reunían más de cien vocales, todos desahogadamente alojados, sin quitar sus comodidades a la comunidad local, que siempre era numerosa, lo mismo que los criados y comensales legos y seglares de los Padres capitulares. Magníficas oficinas, hermosos y espaciosos claustros y sobre todo un grandioso templo de tres naves con más de quince altares, entre los cuales el Mayor, por el estilo del de S. Nicolás y sin dorar como aquel, pero muchísimo más grande y agraciado, componían un todo de rara grandiosidad y de un valor inmenso. Había en el coro una sillería de dos órdenes, alta y baja, toda de nogal muy bruñido con muchas y hermosas tallas y en cada una de las magníficas sillas, que no cedían en mérito a las de ninguna catedral, en medio relieve, uno de los Santos de la Orden franciscana. El órgano era el mejor de Benavente y tan bueno como el de muchas catedrales. Existían muchísimos cuadros de buenas pinturas, tendidos por las paredes de los claustros y otras partes. De todo esto puedo dar testimonio, por tenerlo visto desde que fui estudiante de Gramática, dice D. Vicente García, que es el que ha dejado estas noticias referentes a San Francisco.

El día de Reyes, o sea el 6 de enero de este año, es una de las fechas más terribles y dolorosas para esta Villa, pues en él tuvo lugar el espantoso siniestro del incendio de esta tan preciada fábrica de San Francisco. Es débil sospecha de que los ingleses antes de marcharse dejaron encendidas maderas, asegurando algunos que los franceses luego que llegaron fueron los que prendieron el fuego a este hermoso edificio, que tanto adorno prestaba a la Villa, el cual incendiándose voraz y espantosamente se redujo enteramente a escombros y cenizas, de las que ha sido imposible repararse. Únicamente quedaron levantadas las paredes inclusas las de la iglesia y torre que todas son de piedra sillería y mampostería, pero fuertemente calcinadas con la intensidad del fuego, que no perdonó la parte más mínima de toda la fábrica. La torre misma abrió también, hundiéndose el reloj en ella colocado, las campanas y cuanto tenia combustible, desapareciendo hasta los mismos metales.

A pesar de tanta desolación permanece todavía en pie la fachada principal del convento (dice el mismo García) que promete, por su solidez, durar todavía muchos años y aun siglos, con tal que una mano destructora o terremoto, no vengan a completar la ruina del que fue tan hermoso edificio. Esta fachada forma un ángulo recto entrante. La parte o lado que frenta al Poniente, tiene un pórtico de tres arcos de sillería, como es toda ella, y luego la entrada de la iglesia, hoy arruinada. La otra parte que mira al Norte es la Portería del convento, que aun hoy día sirve de entrada principal para el edificio fuera de lo que constituye la cárcel. La fábrica de la fachada o fachadas no está sujeta u orden determinado de arquitectura, aunque no por eso carece de majestad, hermosura y mérito. Tanto que ignorándose quien fuese su autor, algunos inteligentes se han atrevido a opinar sea del famoso Juan de Herrera.

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Este incendio que devoró el Convento de San Francisco y algunas casas cercanas de la calle de Santa Cruz no fue solo; otro incendio tuvo lugar, pocos días después, de especial gravedad e importancia histórica y militar, de cuya colosal desventura, ni siquiera quedan ya esperanzas de la más mínima reparación, ni aun ancianos que puedan llorarla. Me refiero al incendio de la fortaleza y palacio de los Condes de esta Villa, monumento soberbio del arte y de la historia patria, digno de figurar entre los mejores de su clase existentes en Europa. El tiempo y la mano atrevida del hombre van haciendo desaparecer las pocas señales que aun restan de su grandeza. A la vista del castillo de San Angelo y otros monumentos famosos se vienen a la memoria con pena y secreto orgullo las impresiones que desde la niñez se conservan de este.

En 23 de junio se dió al Intendente de Zamora la posesión del Convento de Moreruela. Después el Mariscal Ney ordenó al mismo trasladase a Zamora los efectos existentes en el mismo.

A principios de agosto el marqués de La Romana, que había sido nombrado por la Central, árbitro en el gobierno de Asturias y Galicia, después de reemplazadas las Juntas por Gobernadores militaresm pasó desde la Coruña a Astorga con diez y seis mil hombres y cuarenta piezas de artillería. Pero nombrado por Valencia indivíduo de la Junta Central, marchó para su destino el 18 del mismo agosto.

El 30 de septiembre los Dragones del número 10 quemaron el colegio de San Gerónimo de esta Villa, no permitiendo a los vecinos apagar el fuego.

El 9 de octubre, el francés Carrier, que con su División ocupaba las márgenes del Esla, trató de apoderarse de Astorga en donde solo había mil y cien quintos, que en cuatro horas de fuego, le hicieron retirar con buena pérdida. La División del general García se hallaba en los Puertos de Manzanal y Foncebadón.

A mediados de este mismo octubre la abadesa Sor Escolástica Antonia Argüello se reunió con otras tres religiosas, en esta casa de la calle de la Cárcel, donde esto se escribe, para formar comunidad y evitar así el secuestro de sus rentas y la supresión de la comunidad misma, como el tirano lo venia haciendo en otras partes. La Junta de esta Villa la entregó luego 4.500 reales que valieron 55 cargas de centeno que las pertenecía. Sucesivamente fueron reuniéndose las demás religiosas, hasta el número de veinticinco. No cabiendo en la casa, lograron de los patronos del Hospital de convalecencia se lo cediesen, trasladándose a vivir en él.

1810. El 11 de febrero quisieron acometer los franceses a Astorga, que estaba guarnecida con tres mil hombres escasos, pero lo dejaron para el més siguiente. El 21 de marzo, Junot intimó a la rendición a Santocildes (José María) que fue despreciada, pero el 20 de abril hubo de capitular y entregarse.

El francésCroix echó de Alcañices al partidario Echevarría, así como el general Serrás lanzó de la Puebla a don Francisco Taboada, que la guarnecía con poca gente, volviendo, sin embargo, a ser tomada por los españoles esta población el 10 de agosto. Taboada, incansable como todos los españoles, desde Foncebadón molestaba sin cesar a los franceses de la parte de León.

1811. En el 6 Ejército entra de jefe Castaños, reteniendo el 5: se nombra en lugar de Mahy y segundo de Castaños, a don José María Santocildes. Una División del 6 queda en Asturias; otra camino del Bierzo, mandada por Taboada; y la 3 en la Puebla de Sanabria, a las órdenes de Cabrera y una Reserva en Lugo.

Se notan movimientos en Astorga y Cogorderos hasta Benavente. Abadía sucedió por agosto a Santocildes. Por este tiempo estaba Castañón en San Martín de Torres y con vanguardia en La Bañeza el brigadier Torres; en el Puente de Orbigo Belveder con otra División, y en Astorga acuartelada una reserva. El general Dorsenne en la frontera de Galicia, queriendo acometerla, avanzó, y pasando por Foncebadón y Manzanal y entrando en el Bierzo, llegó a Villafranca, pero retrocedió luego y se contentó con Astorga. El 27 de septiembre la División del general Bonet hizo prisionero en el puente de Santa Cristina a Francisco Rodríguez (alias, El Fraile), soldado famoso de Caballería de la División de Cabrera. Habiendo llegado a esta Villa, el 7 de octubre, Mutton, general de la Guardia del Emperador, mandó fusilarle, lo que se verificó en La Mota, sin darle siquiera tiempo para confesarse.

1812. El 6 Ejército baja del Bierzo, bloquea a Astorga, Toro y Tordesillas, y por julio el Conde de Amarante pone cerco a Zamora. Astorga se entregó con 12.000 hombres, que mandaba el general Remond, al coronel Enrile.

El 26 de agosto se quemó el Convento de Santa Clara de esta Villa, al que se dice pegaron fuego los franceses, que lo ocuparon hasta el día 24 del mismo en que se marcharon para Zamora.

Los partidarios que molestaban a los enemigos en este país, sin contar con la hostilidad de todos y cada uno de sus habitantes, como hacían todos los españoles, eran Echevarría, Manso, Miranda y otros mas o menos conocidos.

A consecuencia de la guerra escasearon los comestibles mucho, y como abundaba el numerario, valió la hemina (medida de áridos en Castilla y León, equivalente a la tercera parte de una fanega) de trigo a treinta pesetas y a peseta la libra de pan.

1813. En mayo se movieron de nuevo los ejércitos, estando José en Valladolid. El centro de nuestro ejército avanzó por Ponferrada, Benavente a Villalpando.

1814. Por Decreto de 21 de mayo vuelven los Religiosos de Moreruela a su convento.


Hemos transcrito únicamente aquella parte del texto relativa al periodo en que la guerra de la Independencia aparece mencionada en la obra "Apuntes históricos de la Villa de BENAVENTE y sus contornos", escrita en el año 1.881 por don Fernando Fernández Brime, y que editada en corto número de ejemplares fue en su día repartida entre amigos y allegados, razón por la cual los ejemplares de esta primera edición son hoy de difícil hallazgo.

Su conocimiento hoy en día, ha sido posible por la edición facsimilar realizada en el año 1999, por el Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo", y que gracias a don José Mariño pudimos conocer y que nosotros con sumo gusto contribuiremos a su difusión a través de esta página.