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Cacabelos en la guerra de la Independencia.

Batalla por el puente sobre el Cua, el 3 de enero de 1809.

Eumenio García Neira.


El puente sobre el CUA, centro de la batalla

Durante la guerra de la Independencia, la villa de Cacabelos fue escenario sangriento de una batalla que pudo haber cambiado el rumbo de nuestra historia patria, o al menos anticipar la caída de aquel coloso que desafió a Europa entera: Napoleón Bonaparte.

Este hecho histórico sucedido en fecha no muy lejana a nuestros días, se ha relegado de tal forma al olvido, que exceptuando algunos entendidos, el resto de nuestros convecinos lo ignora casi por completo.

A fin de rememorar aquel episodio nacional, nos serviremos de la interesante obra del conde de Toreno –coetáneo de aquella epopeya española-, de la tradición recogida de nuestros mayores, y –lo más interesante por ser inéditas en España- las notas del Diario de Bla Keney, soldado británico que a las órdenes de Moore, asistió personalmente a esta batalla; notas que debo a la gentileza de su compatriota e historiador Mr. Ken Lowe. Estas citadas fuentes las iremos comparando entre si a fin de que el lector saque sus conclusiones.

Comenzaremos aclarando que, ante el empuje del ejército napoleónico, nuestros caros –en la primera acepción de esta palabra- aliados los ingleses al mando supremo de lord Wellington, habían comenzado una retirada general –ante el ejército francés- en busca del nunca mejor llamado puerto de salvación de La Coruña donde debían reembarcar.

Según el conde de Toreno en su "Historia del levantamiento, guerra y revolución de España", el 29 de diciembre de 1.808 llegaba a Astorga con su ejército en franca retirada el general británico Moore, al día siguiente se le unía nuestro ejército de la Izquierda al mando del marqués de La Romana. Entrevistados ambos generales, el español era de la opinión de hacer frente a los franceses en las cordilleras de entrada al Bierzo; no lo estimó así el inglés, y después de "agrias contestaciones" ordenó el británico la retirada, tomando para si y su ejército el camino expedito de Manzanal y regalando a los españoles el agrio y áspero de Foncebadón.

A las 12 de la noche del 31 de diciembre salió Moore con su ejército de Astorga camino del Bierzo, llevando también nuestra artillería por ser la ruta más cómoda; gran desacierto del marqués de La Romana, pues los británicos imbuidos por la confusión del peligro que se les cernía encima, abandonaron parte de nuestros cañones en el camino de Manzanal arrojándolos en los derrumbaderos a fin de facilitar la retirada. Horas más tarde abandonaba Astorga el marqués de La Romana con los suyos, tomando el camino de Foncebadón, casi intransitable por la mucha nieve, camino de Valdeorras..." Así fue que nuestros valientes, desprovistos de guía oportuna, caminaban en manos del acaso, siendo verdaderamente notable que en medio de tantos conflictos no pensasen en librarse de ellos por medio de una entrega voluntaria al enemigo que los perseguía, así consigna el conde de Toreno aquella terrible y amarga retirada de los nuestros camino de Valdeorras.

Pisando los talones al ejército confederado venia el ejército francés. Toreno nos dice que el día 1 de enero, horas después de la retirada de La Romana, entraba Napoleón en Astorga en unión de las fuerzas de sus mariscales Soult y Ney, gran parte de la Guardia Imperial y dos divisiones del ejército de Junot, con un total de 70.000 hombres y 10.000 caballos. El emperador francés envió tras los británicos en retirada 25.000 hombres al mando del mariscal Soult, siguiendo de cerca de este las divisiones de Loisón y Heudelet, y sosteniendo el movimiento de los tres el mariscal Ney con 16.000 hombres.

Seguiremos al ejército francés por el camino de Manzanal por ser el de nuestro interés en este caso, dado que venia siguiendo a los ingleses en su gran retirada; retirada de la cual me escribe el historiador inglés mister Ken Lowe:

"La retirada de Moore desde Astorga a La Coruña fue precisamente la campaña de los ejércitos británicos durante la guerra de la Independencia –aquí en Gran Bretaña le llamamos la Guerra Peninsular- que tuvo más defensores y detractores en su tiempo, tanto en el Parlamento como en la nación inglesa, a la cual costó más de 6.000 muertos y muy cerca de 6.000.000 de libras esterlinas; y que modernamente solo se puede comparar con la retirada del Cuerpo Expedicionario inglés a Calais y el consiguiente embarque de tropas en Dunquerque durante la pasada guerra contra Alemania en 1940-41".

Siguiendo al conde de Toreno, nos dice que entró Soult en el Bierzo, persiguiendo a los dos ejércitos que se replegaban. La vanguardia de la columna francesa que avanzaba por el Manzanal al mando del general Colbert se encontró con las fuerzas de Moore en Cacabelos. El británico se hizo fuerte en las inmediaciones del puente sobre el río Cúa, donde tuvo lugar un choque con los franceses a los que rechazó con vigor, teniendo en el campo al jefe que la dirigía con numerosos jinetes franceses. Y con un asomo de amargura el escritor continúa, "...Era aquella ocasión oportuna de empeñar una acción general; pero Moore desconfió de su tropa, más en confusión cada vez, y no bien se hizo de noche determinó proseguir en su retirada".

Por su parte el soldado Bla Keney – en sus Memorias–según Ken Lowe- nos resulta mucho más explícito en todos sus relatos pormenorizados de su Diario. Y así nos dice:

"Al anochecer del 1 de enero de 1809, la retaguardia inglesa, al mando del general Edward Paget, llegaba al pueblo de Bembibre; las divisiones de Hope, Baird y Fraser habían pasado por la mañana del mismo día, mas habiéndose enterado que en el pueblo había bodegas, rompieron las puertas y se entregaron a una desordenada borrachera, en cuyo estado el 95 Regimiento del general Paget, encontró más de mil hombres tirados por las calles completamente borrachos. Los oficiales del 95 trataron de hacer levantar y andar a los borrachos. Unas horas más tarde los Dragones franceses del general Lahoussaye llegan a Bembibre, dedicándose a matar a sablazos a todos los soldados ingleses que seguían borrachos por las calles. Solo unos pocos sobrevivieron a la matanza, saliendo huyendo los menos hacia Villafranca en donde alcanzaron al 15 Regimiento de Húsares inglés, al mando de John Slade."

Durante todo este primero de enero de 1809, el ejército inglés en su mayoría completamente borrachos, cometió toda clase de desmanes y pillajes en Villafranca, dando fuego a varias casas, cesando el caos con la llegada del general Moore a las diez de la noche de dicho día. Este, para dar un escarmiento a sus tropas, ordenó a su ejército formasen en la plaza Mayor a la mañana del día siguiente. Y, -copio textualmente a Bla Keney- "...En la otra parte de la Plaza, el suelo de tierra mal cuidada, con maleza, un retorcido y deshojado rosal silvestre; un destacamento de caballería, tomó a uno de los soldados que la noche anterior había prendido fuego a una de las casas, y arrodillándolo frente al rosal, lo fusilaron por la espalda...". Después de esto Moore regresó a Cacabelos con el fin de organizar las operaciones.

Al igual que en Villafranca, la indisciplina, el caos y el horror reinaba en Cacabelos, donde los responsables de aquel desorganizado ejército, trataron de imponer la disciplina con el máximo rigor entre aquella soldadesca borracha; pero aún la noche del día 2 varias casas de Cacabelos fueron saqueadas por los ingleses. El general Paget mandó que los responsables fuesen sometidos a 100 latigazos; "...otros dos –proseguimos con Bla Keney- fueron condenados a ser ahorcados –uno de ellos por robar un jamón en una casa- para lo cual se usó un árbol que había en la Plaza. Los sometidos a latigazos fueron llevados al pie de un pequeño cerro a la parte Este del río –se refiere al Campo de San Bartolomé-.

Cacabelos, dice Bla Keney, está situado en un valle por donde corre el río Cúa. La carretera de Villafranca a Bembibre –se refiere a la de Carlos III o carretera Vieja-, pasa a través de Cacabelos y cruza el río por el pequeño y estrecho puente de piedra, y a una y otra parte del puente existen viñedos, encerrados por largar y bajas paredes de piedras, que corren casi paralelas al río, una colina alta que hay en la parte Oeste del río –se refiere aquí a Castro Ventosa- era lugar ideal para la defensa.

"...A la una de la tarde del día 3 de enero de aquel 1809 y ante la presión de las avanzadas francesas, el escuadrón de castigo –se refiere a los castigados a latigazos- bajó el cerro –Campo de San Bartolomé- hacia el río, todos los Regimientos cruzaron el puente sobre el río y se situaron extendiéndose detrás de las paredes de las viñas en la parte Oeste de la orilla del río; con la excepción de la Compañía Ligera del 28 Regimiento, que se situó en la orilla de la parte Este como escolta de la Batería de Artillería y de los caballos de la batería. Minutos más tarde se enfrentaban al 15 Regimiento de Cazadores franceses y al 3er. Regimiento de Húsares del general francés Colbert."

Prosigue Keney: "...En la primera carga para tomar el puente, el general Colbert, cruzó –en un infierno de fuego- el puente a caballo, seguido de un buen número de sus soldados; pero fue rechazado. instantes después volvió a la carga, y entonces, casi al final del puente fue derribado muerto por un disparo que recibió en la cabeza, efectuado por el rifleman inglés Tom Plum Ket, de la 95 Compañía del 15 Batallón de Reserva.". (La tradición de Cacabelos dice que este disparo fue efectuado por el paisanaje desde un árbol).

Junto a este templo murió el General Colbert

Ken Lowe, dice que "está testificado que Tom Plum Ket era un notable tirador, perteneciente a una Compañía formada por los más expertos rifleman’s del 15". Y prosigue en su relato, diciendo:

"Esto, está ratificado como exacto, pues el rifleman Harris, testificó que el tiro fue a más de 150 yardas.." -unos 130 metros-, distancia muy considerables para aquellos tiempos. Sigue Bla Kiney diciendo: "..que al mismo tiempo otro rifleman hirió al ayuda de Campo del general Colbert, Eatour Maubourg, que murió más tarde a consecuencia de las heridas en Villafranca."

Anota igualmente Bla Keney que "...en esta primera fase de lucha por la conquista y cruce del puente sobre el Cúa, murieron más de 2.000 hombres entre franceses e ingleses."

En un respiro del ataque de los franceses, la Compañía Ligera del 28 Regimiento cruzó el puente hacia la parte Oeste. Continuando la batalla –por la posesión de este- toda la tarde hasta la noche, alternándose con cargas a la bayoneta, ataques de la caballería y fuego de la artillería. Según Keney, "...sobre 4.000 fueron los muertos por ambas partes en aquel luctuoso día.

El mariscal francés Soult, dirigió los ataques desde el cerro donde los soldados ingleses que habían cometido tropelías en Cacabelos, fueron castigados a latigazos –Campo de San Bartolomé-. El general Moore, que dirigía las operaciones inglesas desde la meseta de Castro Ventosa, lejos de aprovecharse de la ventajosa situación que le concedía el poder batir constantemente con su artillería, este punto clave, como es este único puente de Cúa en el camino de Galicia, cuyo río en aquel lugar es vadeable, ordenó la retirada hacia Villafranca, donde llegó a las 10 de la noche de este día 3 de enero, amparándose en la noche y en la añagaza de mantener los fuegos de su campamento de Castro Ventosa encendidos toda la noche..."

De aquí, que al día siguiente el ejército francés cruzase impunemente, este desde entonces famoso puente, persiguiendo a los ingleses por el quebradero y angosto paso del Valcarce, muy idóneo para la defensa, y del que nos dice el conde de Toreno:

"...Los ingleses abandonaron por este camino, sus cañones, dejaban a merced del enemigo sus heridos y enfermos, mataban los caballos y arrojaban de si los fusiles. Un convoy de vestuario y armas que venia de Inglaterra para las tropas del marques de La Romana, fue destrozado por ellos. ¿Qué más?. Al acercarse a Los Nogales, tenia aquel ejército 120.000 pesos fuertes; y en vez de repartirlos entre sus individuos, ordenó Moore mismo su pérdida, haciéndolos hechar en un abismo. Cuando el soldado mira en tales términos con indiferencia el dinero, grave es el temor que le ocupa de que no le ha de ser de utilidad. Los ingleses no creian llegar vivos a los buques que debían salvarlos..."

Keney por su parte reconoce que: "...400 compañeros fueron en este trayecto abandonados en la nieve, los unos heridos, los otros con los pies congelados...", y termina diciendo: "...La retirada de Villafranca del Bierzo hacia Lugo, estas sesenta millas fueron las peores de toda la retirada; el cruce de los montes Cántabros a través del desfiladero de Piedrafita, la subida del monte Cebrero, un verdadero viaje al infierno..."

Hete pues lector, la gran importancia que nuestro puente sobre el Cúa, hubo de tener para aquella desgraciada retirada; importancia que bien previó aquel gran estratega de Napoleón, tratando por todos los medios de arrollar este obstáculo, que de no haber sido por el desaliento de Moore, y de su ejército, su defensa daría lugar a reagruparse los nuestros y quizás cambiar el curso de aquella guerra.

Las sangrientas cifras que nos da Bla Keney y que Toreno suaviza por motivos que casi adivinamos, no deben parecernos aumentadas. Las mismas muy bien se comprenden, al saber que un general francés con su ayudante de Campo, cayeron en el empeño de conquistar la posición clave que el Gran Corso les señalaba.

Y para terminar diremos, que la historia la conocemos, nuestro puente –aunque reformado en parte- esta ahí; no seria mucho pedir el que, aquél a quien corresponda, coloque un obelisco o placa que conmemore aquella efemérides, de la que los cacabelenses nos sentimos orgullosos.