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ESPOZ Y MINA, Francisco

Guerrillero y general.

Para la biografía hemos tomado como base las propias “Memorias” del general, que fueron publicadas por su viuda doña Juana de Vega, condesa de Espoz y Mina, en las que nos dice:.

“Vivía yo en el seno de la más profunda paz y una tranquilidad perfecta, cuando las revueltas y convulsiones de la patria, en los principios del año de 1808, vinieron a robarme esta felicidad de que gozaba.”

De este modo tan simple comenzaba don Francisco Espoz y Mina sus Memorias, el resto lo adecuaremos a la necesaria brevedad de esta sección.

Nació el día de del año 1781, en el pequeño caserío de Idocin (Navarra), en aquel villorrio entonces compuesto de tan sólo once casas. Era hijo de Juan Esteban Espoz y de María Teresa Ilundain. Como cualquier otro campesino, tras haber fallecido su padre cuando él contaba tan sólo catorce años, tomó las riendas de la labranza en su caserío. Tranquilamente transcurrían los días, y suponemos que las ocupaciones no le permitían mayores entretenimientos que las fiestas populares en las villas inmediatas a su residencia.

En uno de aquellos descansos, el día 9 de febrero de 1808, hallándose en una de sus habituales visitas a la ciudad de Pamplona con objeto de pasar unos días con sus hermanos Clemente, Vicario del Hospital de aquella ciudad y Simona, madre del joven estudiante de Filosofía, Javier Mina, a quien poco después conoceremos ya como Mina “El Estudiante”. Decíamos que Francisco se hallaba en Pamplona y para el fue muy triste haber visto en la plaza Mayor una columna de cerca de 4.000 soldados franceses que al mando del general d’Armagnac parecían adueñarse de todo a su alrededor.

La impotencia ante aquellos soldados y los sucesos de los días siguientes acrisolarían en lo más profundo de Francisco, un eterno odio a quienes de modo tan artero se adueñaban de toda España, y él, Francisco Espoz lo había vivido muy cerca. Su sobrino se había incorporado a la lucha y con el grado de Capitán había reunido una partida de patriotas que serán conocidos como el Corso terrestre de Navarra. Menos decidido Espoz con otros convecinos se incorpora al batallón del comisionado británico, coronel Doyle, siendo destinados a la guarnición de Jaca.

Las epopeyas protagonizadas por Javier Mina y sus navarros mantenían atenta la atención de aquellos jóvenes, que cuando el día 21 de marzo de 1809 sucedió la rendición de Jaca, decidieron que ellos no se rendían. Por ello, Espoz y varios compañeros se deslizaron por las murallas y corrieron hasta hallar los parajes en los que se resguardaban las guerrillas navarras.

Adscrito a la partida de Javier, así se mantenían cuando el 29 de marzo de 1810, su sobrino caía herido en una emboscada en el pueblo de Labiano, quedando prisioneros él y los hombres que le acompañaba. Espoz que andaba en descubierta se salvo con los siete hombres que le acompañaban. La numerosa guerrilla de Javier se descompuso, sus cerca de ochocientos hombres de a pie y los sesenta a caballo no regresaría a los puntos de reunión.

Repuesto de la sorpresa, Espoz comienza a reunir gentes que puedan acompañarle en la persecución de los franceses, dispuesto a ocupar el puesto que la prisión de su sobrino había dejado vacante.

A pesar de no tener mayores conocimientos, pero si los sabios de quien es observador y tiene intensos deseos de defender los valores de su pueblo, Espoz demostró una gran valía para encabezar aquel ejército de guerrilleros que de un confín a otro desesperaban al mando francés.

Espoz comandaba una guerrilla a la cual supo organizar del modo más efectivo, dividiéndola en pequeños grupos al mando de un experto guerrillero, logrando así el mando sobre todas aquellas partidas que se repartían tanto por tierras de Aragón como de Castilla. La larga mano de Espoz se hizo notar muy pronto, y también la justicia que impartía era inmediata cuando no se hallaba contento con los modos de conducirse de alguno de sus edecanes.

Relatar aquí las acciones en que participa él o su Corso terrestre, sería algo prolijo, y por tanto lo realizaremos en otra de las secciones de la página.

Finalizada la incruenta guerra, y regresado Fernando VII, el general Espoz y Mina, desde su cuartel general de Lacarra, el 9 de abril de 1814 le ofreció la inmediata puesta a disposición de la División Navarra con sus más de 12.000 hombres y en su deseo de agradar a Fernando, llegó a fusilar un ejemplar de la Constitución (al menos eso dejó escrito el general Nogués).

Espoz era como buen campesino, un hombre avezado en “mirar al cielo e intuir las tormentas que se avecinaban”. Este era el caso de la que se veía venir, en aquellos días, sobre los desgraciados liberales. Espoz se anticipaba y trataba de situarse en la naciente sociedad fernandina.

Su vanagloria, quizás justificada ante lo que todos ansiaban en premio a sus pasadas glorias, Espoz pretendía ser nombrado Virrey de Navarra y que sus guerrilleros fuesen reconocidos e integrados en las fuerzas regulares, como tropas de línea.

Fernando VII, “El Deseado”, quien había recibido todo de aquel pueblo que se ensangrentó durante largos seis años, regresaba más despótico de lo que había marchado, rodeado además por todos aquellos que se habían mantenido en las segundas o terceras líneas, la mayor parte de ellos sin haber tenido un día de preocupación ni desasosiego por efectos de la guerra. Quizás por ello Espoz y Mina, igual que otros destacados guerrilleros fracasarían en sus pretensiones, viendo como otros les arrebataban los beneficios de su bravo comportamiento.

Se presenta en la Corte, con el deseo de ser recibido por Fernando VII, que acaba recibiéndole, aunque muy fríamente y sin que apenas le oyese (al decir del duque de Ahumada, testigo de ello) Nos dice el Duque: “... el Rey pasó a hablar a otro y, cuando llegó a donde estaba el entonces ilustre Espoz, besóle éste la mano y Su Majestad no le hizo más caso que a un perro-. Así precipitaron a aquel valiente y orgulloso guerrero, que se avino mal con aquel desprecio y humillación en pago de tan altos servicios. Furioso Espoz y Mina del recibimiento que le había hecho, lo tranquilizamos en lo posible, personas más acostumbradas que él a sufrir las ingratitudes y disfavores de la Corte por premio de leales y buenos servicios.”

Espoz, despechado, se apresura a regresar a Navarra, donde en virtud de las disposiciones del Rey, se desmembraba la División de Navarra, donde esperaba ser nombrado Virrey. Ante lo evidente, Espoz cambia de actitud, se confabula con Asura, Górriz y su sobrino Javier Mina, regresado de su francesa prisión en el castillo de Vincennes, y con ellos al frente de sus hombres pretende apoderarse de la plaza militar de Pamplona. Sin embargo le ocurre lo que después a Porlier; sus hombres le abandonan a pesar del prestigio que entre ellos parecían tener, e inclusive algunos dispararon sobre él. Por ello ha de huir a Francia, y es acogido por el rey Luis XVIII, residiendo en Bar-sur-Aube, en plena Champagne. Cuando Napoleón se evadió de la isla de Elba, en marzo de 1815, Espoz se ofrecerá a Bonaparte para entrar en España al frente de un ejército francés que elevaría de nuevo al trono español, al anciano Carlos IV, que vivía en Italia. No fructificó aquel intento, y se fuga a Suiza y luego pasará a Bélgica. Tras la derrota de Napoleón en Waterloo, regresa a Francia. Es por estos años cuando relacionándose con otros militares franceses y españoles exilados, acabará entrando a formar parte en la masonería.

Cuando el general Rafael del Riego se subleva en tierras andaluzas, proclamando nuevamente la Constitución gaditana, Espoz no puede permanecer impasible. Se presenta en territorio navarro, el 23 de febrero de 1820, con un gran deseo de incorporarse al movimiento constitucional, logrando ser nombrado Capitán General del Ejército y de la Provincia de Navarra, aunque el Virreinato queda en manos del conde de Ezpeleta. Su llegada a Pamplona no despertó anhelo alguno entre los navarros, antes al contrario fomentaría aun más la división que ya se detentaba en las ciudades. Por esta razón pidió ser destinado como Capitán General de Galicia.

Espoz se incorpora a su nuevo destino, llevando consigo, en calidad de ayudante, al coronel Romay, a quien ya conocimos cuando el pronunciamiento de Porlier, en La Coruña, en que participa al mando del 6º Regimiento de Marina, adhiriéndose al intento que aquella ciudad llevó a cabo el joven Mariscal de Campo Juan Díaz Porlier.

Entre las personas que en aquellos días frecuenta Espoz y Mina en La Coruña, se encuentran alguno de aquellos que en 1814 habían apoyado el pronunciamiento de Porlier. Entre otros Andrés Rojo del Cañizal, comerciante palentino e importante comerciante coruñés, en cuya finca de campo se había alojado Porlier y donde prepararía el pronunciamiento y desde la cual partió a tomar el mando de la Capitanía general aquella noche del mes de septiembre de 1814, al que Espoz había conocido en París, en casa del conde de Toreno y con el que guardaba desde entonces una fraternal amistad.

Otro de los habituales a la tertulia era aquel otro comerciante lugués, acérrimo liberal, Juan Antonio de la Vega, que por el apoyo que prestó a Porlier y por su exacerbado amor a la Constitución se vio también obligado a emprender la huída de España, tras la aplicación del Real Decreto del 4 de mayo de 1814. Perseguido por sus ideas liberales hubo de exilarse en Portugal. En su casa, en ocasión de realizar una visita a la esposa y familia del ausente, conoció Espoz a sus hija Juana, de tan sólo quince años de edad.

En La Coruña fue muy bien acogido, en torno a él se fue formando un abigarrado grupo de constitucionalistas locales, a los que no serian ajenos los que fueron agrupándose en las restantes provincias gallegas. La ilusión popular que no había levantado su presencia en Navarra, le estaba siendo devuelta en Galicia con incrementados bríos.

Rojo del Cañizal acudirá al domicilio de los de la Vega, con objeto de actuar como padrino en la petición de mano de la hija de aquella casa. Ausente el padre, todo queda pendiente de las recomendaciones que este hiciese desde Madrid donde se hallaba. Mientras esperaban, Espoz fue relevado del mando militar en Galicia y obligado a residir en la villa de Sigüenza. Poco después vuelve a ser reintegrado a su cargo de Capitán General de Galicia y es el momento en que aprovecha para contraer matrimonio con Juana de Vega.

Los movimientos intestinos que se observan por parte de los realistas en Cataluña y Navarra, hacen que sea destinado a la primera, como Jefe del aquel Ejército de operaciones. Espoz se mostró muy cruel en el desarrollo de aquellas operaciones, ya que sería el responsable, entre otras crueldades, de la destrucción de Castellfullit y del asesinato del Obispo de Vich y algunas personas más.

Las tropas francesas que al mando del mariscal Moncey, sitiaron e hicieron capitular el día 1 de noviembre, a las plazas de Barcelona, Tarragona y Hostalrich, razón por la que Espoz sale el día 7 a bordo del bergantín “Le Cuirassier”, desembarcando el día 30 en Plymouth.

Considerado un héroe, es protegido por Lord Wellington y considerado el primero de los represaliados por Fernando VII. A partir de este momento, Espoz no abandonará cualquier oportunidad de aparecer como máximo paladín de los muchos españoles emigrados por Europa. No habrá conspiración, o su intento, en el que no estuviese Mina encabezándola. Desde Londres y en una de sus imprentas, dará a la luz su autobiografía, en la que dejará escrito que “... cuando se alzó en Pamplona, lo había hecho con el objeto de proclamar la Constitución y las Cortes...”

En 1830, desde Vera de Bidasoa intenta alzar las provincias vasco-navarras, no permitiéndoselo alguno de sus antiguos compañeros de las guerrillas y División Navarra, tales como: Juanito, a) “el de la Rochapea”, y también Santos Ladrón, que le obligarán a rebasar la frontera e internarse nuevamente en Francia y pasando nuevamente a Gran Bretaña.

Fallecido Fernando VII, la Reina Gobernadora promulgaría el decreto de amnistía de 1832, y que por el carácter del mismo no le permite a Espoz el regreso, por lo que no podrá hacerlo hasta el año 1834, por las guerras carlistas iniciadas, y tras el fracaso de Rodil y Quesada, decide ponerle al frente de la provincia de Navarra.

La crueldad mostrada en Cataluña, será su nueva bandera en cualquiera de los lugares por los que pasa, por lo que es de nuevo trasladado a los frentes de Cataluña, y que culminaría quizás con la inútil y cruel muerte de la madre del general Cabrera.

Espoz y Mina fallece en Barcelona, el 14 de diciembre de 1836. Tenía 55 años, de ellos veintiocho dedicados a la lucha y a la política.

Juan de Vega, su esposa, trasladaría sus restos embalsamados a La Coruña, en cuyo domicilio de la calle Real, mantuvo durante algún tiempo, hasta que le permitieron llevarlo a Pamplona. Considerado un enemigo declarado del Cabildo pamplonés, no le fue permitido el enterramiento en aquella Catedral, aunque hubieron de aceptar su depósito en el claustro.

No obstante su corazón, dentro de un tarro de cristal permaneció en aquel piso coruñés, hasta el fallecimiento de su esposa.