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JUAN PALAREA Y BLANES

"El médico Palarea". Guerrillero y general.

Nació en Murcia, el 27 de diciembre de 1780, hijo de Antonio Palarea Blanco y de Juana Blanes Hernández, acomodados comerciantes y productores de seda de la parroquia de San Andrés Apóstol. Era nieto por línea paterna de Juan Bautista Palarea, natural de Nasín, en el reino de Nápoles y de Rosa Bianchi, natural de Alicante, aunque también de origen napolitano.

Juan había cursado estudios sacerdotales, tras estudiar Latín y Filosofía en el colegio de la Purísima de los frailes franciscanos, había pasado al Seminario Conciliar de San Fulgencio aunque no concluyó los estudios y pasó a estudiar Medicina en Zaragoza.

Nada más concluir sus estudios, el nuevo médico se dirigió a Madrid donde esperaba lograr un brillante porvenir, aunque pronto observó que para ello era más importante hallarse inmerso en algún grupo socialmente de reconocido prestigio. Mediante la amistad que le unía a un antiguo profesor suyo en Zaragoza, logró introducirse en la tertulia madrileña de nada menos que el Príncipe de Asturias. El príncipe don Fernando pronto se sintió atraído por el ingenio y simpatía de Palarea, razón por la que le apoyó para que se le adjudicase la plaza de médico rural de Villaluenga de la Sagra (Toledo).

Ya tenemos pues al joven médico tomando posesión de su plaza en los primeros días del mes de agosto de 1807. En poco tiempo le fueron reconociendo un prestigio profesional que le obligaba a atender a otros muchos vecinos de los pueblos limítrofes del término. De este estado vino a sacarle la irrupción de las tropas francesas, Palarea se incorporaría de los primeros a aquella larga serie de patriotas que trataban denodadamente de expulsar a los invasores galos.

El propio Palarea relata su entrada en la historia. Según nos dejó escrito "… hallábase el 2 de mayo de 1808 en su residencia de Villaluenga de la Sagra cuando tuvo conocimiento de los trágicos acontecimientos de Madrid y desde ese momento principió a hacer a los franceses la guerra moral y la guerra física, aquella con la pluma, circulando papeles para mantener el entusiasmo nacional, y ésta saliendo al Camino Real siempre que veía ocasión oportuna de matar franceses…"

Posiblemente en la noche-madrugada del 2 a 3 de mayo aquel postillón de rápido galopar, Pedro Serrano, trajo la nueva de los sucesos madrileños que habrían de cambiar la vida de tantos españoles.

Mientras duró la ocupación de Toledo, Palarea se dedico cuanto pudo a atacar cuanto francés se puso al alcance de él y sus acompañantes, aquella incipiente guerrilla toledana.

Hasta diciembre no lo volveremos a encontrar activo, ha de ser en Madrid, combatiendo las tropas que manda el propio Emperador durante los días 3 y 4 de aquel mes, tras la capitulación, Palarea regresa a Villaluenga.

Cuando los mariscales Lefevbre y Víctor ocupan las tierras de Toledo, Palarea se dirige al derrumbado castillo del Águila (hoy desaparecido en aras de la industrialización). Allí en su primer Cuartel general, Palarea reúne su primer Cuerpo de guerrilleros, son los catorce de la fama con los que emprenden las acciones que irán tomando mayor incremento.

El día 7 de julio de 1809, la guerrilla marchaba apaciblemente desde Casarrubios del Monte hacia Carranque, los exploradores que avanzan previsoriamente, en el camino de Cedillo avistan un destacamento francés compuesto de unos veinte de Infantería. Los guerrilleros buscan un lugar desde el que realizar la emboscada y cuando se hallan inmediatos, los asaltan y vencen, dispersando la facción a la que causan seis bajas.

El 8 de septiembre es básico en la carrera de las armas de Palarea, ese día sus hombres sorprenden a un Oficial francés que lleva el correo del Emperador con instrucciones para sus mariscales Mortier, Ney, Soult y Víctor. Al darse cuenta de la importancia de ella, la remite a su jefe el general Francisco Eguía. Esta trascendental captura supuso que la Junta Central le nombrase Comandante de Partida, que a su vez conllevaba el empleo de Alférez de Caballería. Oficialmente reconocida la guerrilla que capitanea, toma el nombre de "7ª Partida de Patriotas Voluntarios de Castilla".

Un año después la partida tiene ya unos efectivos compuestos por unos 200 jinetes, a los que han de unirse los componentes de la guerrilla de Casimiro Moraleja, que voluntariamente acató el mando de Palarea. En sus osadas acciones llega a penetrar el 12 de agosto en la madrileña Casa de Campo. En septiembre de 1810, el marqués de La Romana le asciende al empleo de Teniente coronel.

Muchas son las acciones en que participa y muchos los prisioneros que toma, o los bagajes y caudales que envía constantemente a la Junta Central. En el asedio a la ermita de Yuncler. Para desalojar el edificio donde se habían refugiado los granaderos que ante una de sus cargas se habían replegado a su resguardo. Palarea por sus conocimientos profesionales utiliza posiblemente por primera vez en la historia, los gases "lacrimógenos", la historia fue así:

Había ordenado que sus hombres arrimasen ramajes junto al edificio y le prendiesen fuego. La combustión se iba haciendo pero muy lentamente, observando Palarea que el viento soplaba hacia la puerta de la ermita, envió unos hombres al inmediato pueblo de Yucler, para que trajesen azufre, pimienta y pimentón. Cuando así lo hicieron, mandó echar aquellos productos al fuego en la hoguera preparada ante la puerta y muy pronto en el interior de la ermita comenzó a hacerse irrespirable el aire. Entretanto afuera dispuso dos filas divergentes de soldados a cada lado de la puerta, los más inmediatos a ella con lanzas y los otros con tercerolas cargadas. Ante la imposibilidad de soportar por más tiempo las condiciones del interior, los franceses salieron en tropel, con las bayonetas caladas, dispuestos a vender cara su vida. Sin embargo no habían contado con las previsiones de Palarea y en su mayor parte fueron muertos nada más salir del edificio. Aunque puede parecer difícil creerlo, el balance de aquella acción, desarrollada a lo largo de cinco horas, fue: Franceses: 117 muertos y 23 prisioneros. Por parte de los guerrilleros, 6 muertos y 8 heridos. Años más tarde, por el combate de Yuncler le fue concedida a Palarea la Cruz de la Orden de San Fernando.

Palarea y sus hombres cada día van aumentando el área sobre la que desarrollan sus correrías y llegan a las actuales provincias de Avila, Cuenca, Madrid, Salamanca, Segovia, Toledo, llegando hasta algunos puntos de Extremadura y de Andalucía.

En mayo de 1811, Palarea con 660 jinetes se incorpora al 5º Ejército con la denominación de "Escuadrones Francos Numantinos", forman en tres escuadrones, a su vez divididos en compañías y ya con un claro carácter militar, contando con sus mandos graduados de igual modo que el Ejército regular. Armados con tercerola, un par de pistas y el clásico sable curvo de caballería, dos compañías llevaban además lanza. Con un atractivo uniforme de color rojo, los vivos dorados, trencillas y charreteras, mantenía sin embargo un cierto número de hombres sin uniforme o con ellos provenientes de las tropas francesas. La uniformidad hubiera podido lograrla, pero parece que fue su voluntad mantener esta variedad con el objeto de ejecutar acciones de engaño, intentando aproximaciones con aquellos camuflajes y que sorprendían a los enemigos sin posibilitarles la preparación ante el ataque del grueso de sus escuadrones.

El 2 de septiembre, coincidiendo con el nombramiento de Coronel que Castaños como su general en jefe del 5º Ejército le concede, se incorporan a sus escuadrones, dos de sus hermanos, Joaquín como Cadete de Caballería y Mariano como Teniente proveniente del Regimiento de Infantería de Voluntarios Leales a Fernando VII. Aglutinando en torno a él a otras partidas que se integran voluntariamente a sus fuerzas, veremos llegar a los cabecillas de guerrilla, como Camilo Gómez, Francisco López, Narciso Morales.

En la batalla de Los Arapiles (22 de julio de 1812), Palarea con sus hombres se dedicó muy eficazmente a entorpecer las comunicaciones de Marmont. El general Wellington tres días después de la batalla, ciñe a la cintura de Palarea el sable que el Regente de Gran Bretaña le había enviado como obsequio por la trayectoria que llevaba desde que comenzara la guerra. En septiembre es nombrado gobernador militar de Toledo, momento que aprovecha para proclamar la Constitución, el día 25 de dicho mes.

En la nueva campaña los Escuadrones de Palarea son encuadrados en el IV Ejército, bajo la nueva denominación de Regimiento de "Húsares Numantinos", disgregados a su vez entre la Primera División de Caballería que mandaba el conde de Penne Villemur, y los Cazadores pasando a la Primera División de Infantería del general Morillo. Es esta la muerte del Palarea guerrillero, desde entonces formará parte del Ejército regular al mando de su Regimiento, agregado a la División de Navarra, llegando en agosto de 1814, en las horas finales de la presencia francesa en España, donde lucha bravamente en los altos Sorauren contra los mariscales Reille y Clausel, persiguiéndoles hasta que aquellos traspasan el macizo pirenaico.

Alcanzada la paz, en 1815 el Brigadier Palarea, joven de treinta y cinco años contrae matrimonio con María de Soto Díaz, muchacha de 21 años.

Por los movimientos políticos de aquellos años 1819, 1820, Palarea es destinado con su Regimiento a Villafranca de los Barros, en Badajoz. Solicitado un destino sustitutorio logra ser nombrado jefe del Regimiento de Montesa, destinado en la capital madrileña. Como inicio del Trienio liberal, Palarea celebra el hecho solicitando el cambio de nombre de su regimiento por el de Regimiento "La Constitución". En julio, como uno de los integrantes de las acciones que llevaron al triunfo liberal, es elegido diputado a Cortes.

Sin embargo los absolutistas no dejaron de intentar la recuperación del Trono, la Guardia Real avanza sobre Madrid, y para parar su marcha, Palarea, a la sazón sin mando militar se pone al frente de la Milicia Nacional concentrada en la plaza de la Constitución (hoy Plaza Mayor madrileña).

En la madrugada de día 7 de julio los Guardias atacan la plaza, Palarea y sus hombres los rechazan con fuego artillería, fusilería y en algún punto hasta a la bayoneta haciéndoles huir en clara desbandada y montando a caballo los persiguen hasta la Casa de Campo por donde aquellos se dispersan y van siendo acosados durante varios días a lo largo del trayecto que les lleva por El Escorial, puerto del Guadarrama hasta las Navas del Marqués, punto donde los Guardias que quedaban se entregaron a sus perseguidores.

Cuando los Cien Mil Hijos de San Luis invaden el territorio nacional, Palarea se encuentra destinado como Gobernador militar de Santoña, compartido con el de Comandante militar de Salamanca. Palarea sin embargo no atiende ninguno de los dos cargos, se sitúa en el territorio inmediato al puerto de Pajares con objeto de detener a los hombres que manda el general francés D’Albignal. Palarea es derrotado y se dirige a La Coruña donde esperaba encontrar al general Quiroga, este ya abandonó la plaza y Palarea se dirige a Vigo, ahora unido al general Roselló, sin embargo en el puente Sampayo son alcanzados por las tropas hispanofrancesas. Retirados Palarea y Roselló a tierras de Zamora siempre perseguidos por los hombres del general Bourque, presentan batalla finalmente el día 27 de agosto en Gallegos del Campo. Nuevamente derrotados, son tomados prisioneros y conducidos a Francia.

Años después unidos Torrijos y Palarea desembarcan en Gibraltar para llevar a cabo las movilizaciones necesarias en Andalucía y unirse al general Mina. Aquel intento fracasa y Palarea se dirige a Francia y Argel. Hasta el fallecimiento de Fernando VII en 1833, Palarea no regresa a España. Rehabilitado es nombrado Capitán general de Valencia y diputado en el Congreso.

Cuando se inician las guerras civiles, Palarea es nombrado por los cristinos jefe del Ejército de Aragón, tras diversos éxitos en el cerro de Tejeras, Chiva y otras, todas ellas frente al general Cabrera.

Palarea es ascendido al grado de Mariscal de Campo y "Capitán General de los reinos de Jaén, Granada y su Costa". Los diversos altibajos de la política nacional engullen a Palarea que prácticamente desaparece hasta el día 7 de marzo de 1842, en que fallece "…en la plaza donde se hallaba bajo arresto en seguimiento de la Causa que se le instruye…", posiblemente como participante del fracasado pronunciamiento del general Diego de León.