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ROMEU Y PARRAS, José Francisco Pelegrín

Guerrillero y Comandante de los Batallones de Milicia Urbana de Cheste y Chiva

Nació en Murviedro (Sagunto-Valencia), el día 26 de enero de 1778, en la calle de Tintoreros (hoy calle dedicada al héroe), número 5. Era hijo del matrimonio formado por José Romeu y Mates y Francisca Parras y Casasús. El padre, oriundo de Sitges se había afincado en Murviedro hacia el año 1774, era un hacendado que había tenido negocios de exportación de vinos en el Oranesado y ahora tras su pérdida, vivía dedicado al suministro de vinos y licores al tiempo que Real Provisionista de víveres de la Hacienda española para los ejércitos de Valencia y Murcia. El Rey, por Real Cédula firmada por Carlos IV le favoreció con el nombramiento de Vicecónsul de Su Majestad el rey de Sicilia. Fue por ello nombrado Teniente de Caballería de la Milicia del Cuerpo de Voluntarios Honrados, que en Murviedro se denominaba “Tercio Saguntino”.

Por el año 1800 contrae matrimonio con una joven de San Roque (Cádiz), María Correa Velasco, y se dedica a los negocios familiares, una vez que su padre ha fallecido poco tiempo después de su matrimonio.

Cuando llegan los franceses al reino de Valencia, Romeu tiene treinta años de edad. La respuesta que el pueblo valenciano da a las noticias que llegan de los sucesos del 2 de mayo, conduce a que el Conde de la Conquista solicite a Murat el urgente envío de tropas que apacigüen las iras de la ciudadanía.

Constituida la Junta de Defensa en la villa, comienzan las sesiones de trabajo con el objeto de reactivar la Milicia Honrada. En esta próspera villa de Murviedro el alma mater era el joven Romeu y como no cabía esperar de otro modo, fue nombrado su Comandante. Inesperadamente desde su inicio la Milicia reunió la desorbitada cifra de 2.000 hombres, equipados a costa de la Villa.

El 25 de mayo de 1808 administrativamente comienza a tener vida aquel Cuerpo defensivo, de carácter totalmente popular y que a partir de este momento dará lugar a que ni un solo día los franceses estén tranquilos en tierras valencianas.

Como lugarteniente llevará a su tío Mariano, dando comienzo a la recluta por los pueblos de los alrededores: Almenara, Baronía, Canet de Berenguer, Masamagrell, Puebla de Farnals, Vall de Segó, terminando aquella en los de Náquera y Serra. El lugar de concentración de todos aquellos voluntarios será la explanada del convento de San Francisco, en la villa de Sagunto.

Convertido Sagunto en campamento de reclutas, durante varios días se dedicaran al abastecimiento de vestuarios y armamentos, entretanto se instruyen en los más imprescindibles movimientos de tropas y se improvisan los primeros suboficiales y oficiales que muy pronto han de partir a enfrentarse con los enemigos.

Dispuestos ya a la marcha, Romeu, a quien acompañan los miembros de la Junta dirige a los hombres concentrados la que será arenga famosa, y que era del tenor siguiente:

“Volemos, hijos de Sagunto, volemos al campo del honor. Preso nuestro Rey, vilmente hollada nuestra Patria, juremos no doblar jamás la cerviz al yugo afrentoso de esos advenedizos engañadores que, so color de amistad, pretenden tiranizarnos.

Vencer o morir sea el juramento irrevocable de la División saguntina”

Al terminar su alocución es vitoreado por quienes le habían escuchado y a poco comienzan a darse las órdenes que pondrán en movimiento aquella bisoña columna. El día 20 de junio de 1808, por la calle Real salen en dirección a Valencia, dispuestos a dar su vida en defensa de la patria mancillada.

Con rapidez se dirigen al puente Pajazo para apoyar a las tropas que manda el general Adorno. Los tres mil voluntarios que apoyados por unos setecientos soldados y cuatro piezas de artillería que defendían aquel puente de madera, no habían tenido tiempo ni de apostarse en las defensas cuando ya habían sido derrotados. Era el día 22, y parece ser que Romeu estuvo en aquella acción y que solamente pudo hostilizar la retaguardia enemiga a lo largo del camino de Requena, Las Cabrillas y Buñol, siendo testigo de la desastrosa dirección que tuvo aquel combate. Como tantos otros guerrilleros, Romeu decidirá su futuro a partir de este descalabro. Hará la guerra por su cuenta y con su gente.

Tras la derrota de Moncey, liberada Valencia, Romeu y sus hombres retornan a Sagunto. Después de unos meses de actividad en la zona, Romeu se dirije a Madrid y allí le sorprende la segunda entrada de los franceses en la Corte, donde participa en la defensa de los patriotas, hallándose en la situada cerca de la torre de Santa Cruz hasta que fueron abandonadas las posiciones ante la inminente capitulación del general Morlá, por lo que él decide volver a Murviedro. Cuando lo hace a campo través, recibe una descarga en su brazo izquierdo y ha de retornar en busca de ayuda. Tras unos días de restablecimiento, nuevamente se pone en marcha y llega a su casa el 10 de diciembre de 1808.

En diciembre de 1809 es nombrado Capitán de Granaderos por la Milicia Urbana Saguntina, quedando agregado a las operaciones que sobre el Maestrazgo hará la División del general Roca. Participa en los alternativos combates de Albentosa (Teruel), y en las operaciones de Escaleruelas, Aliaga, Morella, El Puig.

Estaba ahora Romeu al frente de los batallones de Cheste y Chiva, batiéndose en Ribarroja (25 octubre 1811), donde fue derrotado. La campaña de 1812, la inicia en Alicante, organizando el levantamiento popular, pueblo a pueblo. Tiene enfrentamientos en Novelda, desde allí acude a reunirse con los campesinos en “Les Salinetes”. Acuden voluntarios de Caudete, Fuente de la Higuera, Cocentaina, Bocairente, logrando formar un completo grupo. Todos los días los hombres de Romeu se enfrentan a los franceses que también recorren aquellas tierras. En Onteniente se entrevista con el guerrillero Cortés, y juntos reúnen ya unos ochocientos hombres, que como bautismo real de sangre tendrán un duro enfrentamiento entre Jijona y Muchamiel. Acciones como la de Adzaneta, donde murió el valeroso Cortés.

Tras organizar las guerrillas del valle de Albaida, Romeu parte a nuevos destinos. Combates en Cocentaina, Alcoy, Petrel, Albaida Cuando el general Suchet se dirige a Valencia, los campos de Alatoz, al pie de la sierra de Chinchilla en los límites de las provincias de Albacete y Cuenca, seran el nuevo asentamiento de las tropas que siguen a Romeu. Aquel acantonamiento será el lugar de recluta, reunión de dispersos y especie de academia y encuadramiento de voluntarios.

De tal manera se atemorizaron los franceses, que contra el campamento dirigen los ataques de la Brigada de Maupoint, compuesta del 4º regimiento de Cazadores Napolitanos, parte del 16 de Húsares y del 11º de Cazadores de línea. Los resultados obtenidos son que cada ataque es un fracaso francés y un nuevo motivo de orgullo para Romeu y los suyos, que han visto como las enseñanzas recibidas han sido bien asimiladas en los ejercicios prácticos a que les someten los franceses. Recibidos refuerzos, Maupoint ataca de nuevo y vuelve a sufrir nuevo descalabro.

Llegará el general Paris, con intención de dejar en buen lugar el pabellón galo. Al mando de varias compañías del 81 Regimiento de Cazadores Napolitanos. Nuevo y gran descalabro, el general Paris huye entre los soldados que se han salvado. El prestigio de Romeu crece en cada acción, los resultados obtenidos sin moverse de su acuartelamiento le confieren una mítica fama. Son ahora los días en que los franceses optan por la lisonja, por los honores. El mariscal Suchet envía a Jacomet, capitán del 3º de Infantería de línea y Gobernador de Buñol, con el ruego de que abandone la Milicia y se ubique en su ciudad, donde gozará de especial protección y donde podrá desarrollar sus habituales ocupaciones. Romeu, como no cabía esperar de otro modo, respondió que:

“Jamás daré oidos a palabras enemigas de mi patria. Muy mucho me complacerá el caballero Anné si se abstiene de tan inútiles mensajes.”

La presión ahora la ejercerá el general Mazzuchelli, ofreciendo el apoyo del mariscal Suchet y además una adecuada recompensa. Romeu respondió que:

“Que mientras hubiere un palmo de terreno libre en España lo había de defender como buen patriota y fiel subdito de su Monarca el Sr. Don Fernando Septimo, y que la suerte de su Patria había de ser la suya.”

Previsoramente Romeu valora su propia respuesta y por ello alerta a los jefes de las partidas de los alrededores con instrucciones relativas a los sucesos que espera para los próximos días. Previno la reacción de Suchet con antelación suficiente, lo que le permitió proceder eficazmente a la defensa de su acantonamiento de Alatoz.

La derrota que no eran capaces de infringirle los franceses, la lograron sus propios compañeros. Una muy sospechosa presencia de Suchet y de algún traidor en las filas españolas, motiva que su jefe directo, Luis de Bassecourt, le indique que ha de enviar a todos los jefes, sargentos, cabos y soldados dispersos que tenga reunidos bajo sus ordenes, para que se integren en las fuerzas que se hallan en Murcia. Obediente siempre Romeu, aun a sabiendas de que queda en inferioridad numérica, envía las tropas que se piden y espera que ante un nuevo ataque no podrá resistir.

Desesperadamente Romeu pide nuevas incorporaciones con las que contrarrestar la merma que han sufrido sus tropas. Es mal momento, Romeu ha de marchar al frente de los únicos CUARENTA jinetes que le quedan, y se dedica a recorrer las diversas guerrillas que ha ido sembrando desde aquel campamento de Alatoz. En Venta Quemada sorprende a la guarnición francesa, causándoles importantes pérdidas y desalojándolos con posterior persecución implacable hasta Buño.

El derrotado comandante Cabrera, unido a Villetar-Laquerrie intentan ahora atacarlo en Millares, pero Romeu les sorprende nuevamente y les infringe nuevo descalabro.

Atacado ahora por Jacomet, Romeu organiza sus tropas sobre el terreno y dispone que 160 infantes se sitúen en las alturas inmediatas al terreno sobre el que él mismo evolucionaría con su Cuerpo de infantes y caballería. Nueva derrota francesa y nuevo ataque de Cabrera, Villetar-Laquerrie, Menche y Jacomet a la columna de Romeu. El buen hacer de este le lleva a derrotar nuevamente aquella importante formación francesa, tras arrollador ataque llevado a cabo el día 30 de mayo de 1812.

La táctica, las tropas, los generales franceses no son capaces de derrotar al comerciante metido a guerrillero. Romeu siempre obtiene victorias en cuanta acción emprende. El mariscal Suchet sin embargo será el que tenga la idea clara de cómo se derrota a los héroes. Es necesario solamente para ello, un traidor.

Por diez mil pesetas de la época, como siempre, surgió uno, parece ser que conocido (según Blasco Ibáñez, en su novela “Por la Patria”) por el mote de “Recelós”, quien siguiendo la columna de Romeu, advirtió que se detenía en Sot de Chera y ávidamente dio aviso al comandante Saint-Georges, jefe del escuadrón de Coraceros nº 13 de Infantería de línea. Saint-Georges, con sus hombres, unos 1.880 soldados, divididos en cuatro columnas y después de que disfrazase a los de la vanguardia como si fuesen campesinos, durante la noche del 6 de junio de 1812, se aproxima al lugar donde descansaba Romeu, sorprendiendo a la guardia y penetrando en la casa donde este dormitaba. Nada pudo hacer esta vez Romeu, prisionero es conducido hasta Liria, donde el comandante francés emite un bando que decía: “Ha sido prisionero en el dia de hoy el famoso jefe don Jose Romeu, enviado desde Alicante con objeto de organizar partidas de guerrillas, de las que había de tener él mismo el mando a título, según aparentaba, de Coronel.”

Enterado Suchet, no sabía que hacer; tanta era su alegría que enviaría a Saint-Cyr y a Mazzuchelli con objeto de atraerlo con obsequios.

Desde Liria es trasladado a la Plaza de Valencia, siendo encerrado en la Ciudadela, con la intención de convencerlo de la bondad de las intenciones francesas. El intento de atraerlo a los intereses galos no obtiene la esperada respuesta. Romeu se mantiene firme en sus principios y renuncia todos los ofrecimientos que aquellos le hacen.

En vista de su rotunda negativa a toda participación en los deseos franceses, en la noche del 7 de junio es sometido a un Tribunal militar. Romeu por toda respuesta, dirigiéndose al Presidente le diría:

“Diga U. a su general que Romeu es un español, y un español que nació en Sagunto.”

Saint-Cyr y Mazzuchelli no se alteran ante la respuesta, y prosiguen en sus alabanzas y ofrecimientos. Tratando de ello, permitieron la visita del Oidor de la Real Audiencia, Manuel Morales y del fiscal Alvarez Posadilla, quienes trataban de convencerlo de que jurase acatamiento al rey José. Muchas serían las gestiones que durante aquellos días se hicieron, sin que Romeu relajase su acrisolado comportamiento. Finalmente, Suchet, viendo que el famoso guerrillero no se doblegaba, dijo:

“Romeu morirá precisamente ahorcado dentro de doce horas, y sus bienes serán confiscados.”

La sentencia fue dictada por la Comisión Militar, el día 11, y decía:

“Don José Romeu, de Murviedro, Gefe de guerrilla aprehendido en el lugar de Sot con un par de pistolas y una espada de montar; José Antón y Antonio Calpena, individuos de su partida, aprehendidos con una carabina cada uno, cartuchos y municiones, y Antonio Iglesias, considerado como criado, aprenhendido en la misma casa sin armas; Sebastián texedor y Miguel García, paisanos que Romeu había tomado por guías; a José Soler y Antonio León, soldados españoles dispersos y que han sido obligados a la fuerza a servir en las bandas de guerrillas, nombradas del Canónigo Pancha y Pendencia, de las que han desertado siempre que han podido, aunque considerados como individuos de la última y enfermos en Sot, y aprehendidos sin armas. La Comisión Militar, después de todas las formalidades prescritas por las leyes, y a unanimidad de votos, ha condenado a los nombrados D. José Romeu, José Antón y Antonio Calpena a la pena de muerte en horca que deberá executarse a las veinticuatro horas y la confiscación de los bienes de dho Romeu; a Antonio Iglesias, José Soler, Antonio León a que sean considerados prisioneros de guerra y llevados a Francia; el Sebastián Texedor y Miguel García, considerados como sorprendidos y forzados a servir de guía a Romeu, la libertad. Valencia y junio, once, de mil ochocientos doce. Por mandato de S. E. El Excmo. Señor Gobernador de la Plaza. Barón Mazzuchelli. Vicente Ros, su Secretario judicial.”

El día 12 de junio de 1812, a las doce de la mañana, conducido desde la cárcel de San Narciso se dirige a la plaza del Mercado, donde se eleva el cadalso en que sería ejecutado. Junto a él moriría también su criado José Lino Antón, era natural de Manzanera; y otro miembro de aquella guerrilla, Gabriel Ximénez, de Monóver.