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LANNES, Jean

Mariscal. Príncipe de Sievers y duque de Montebello

Nació en Lectoure (Gers), el 14 de abril de 1769, era hijo de un mozo de cuadra, y su padre le colocó de aprendiz en un taller de tintorería, hasta que en 1792, pasando por aquella villa un batallón de voluntarios, se enrolaría también él. Tenía gran coraje, aunque descartado por razones políticas, en 1795 reglamentariamente fue nombrado Jefe de Brigada y al año siguiente, como simple soldado se enroló para la campaña de Italia. El 10 de junio de 1796, Bonaparte le ordena tomar el puente de Lodi, Lannes lo hace con tal valor y coraje, que los soldados le siguen enardecidos y logran lo que parecía imposible, imponerse a la artillería que defendía aquel difícil punto. El 14 de noviembre, durante la batalla de Arcole, recibe en su cuerpo dos balas. Al día siguiente, se apresta nuevamente a la lucha precipitándose sobre el campo de batalla, para caer luego desmayado después de haber recibido un tiro en su cabeza.

Dos meses más tarde, hallándose en Rivoli, el 14 de enero 1797, apenas repuesto, Bonaparte repara en su hazaña y le cita elogiosamente en su informe, al tiempo que le nombra General de Brigada. Desde ese día entre ambos generales habrá una gran amistad. Toma después la plaza de Imola, tras lo cual el Papa se decide a concluir el tratado que se le proponía. Después de pasar a Egipto, en aquellas tierras se distinguirá especialmente en el asedio a San Juan de Acre, en las jornadas del 19 y 20 de abril de 1798, donde nuevamente es gravemente herido. El 25 de julio de siguiente año, en Aboukir, toma el reducto turco a la cabeza de diez batallones. En premio a su sacrificada labor, Bonaparte le promociona al grado de General de División, y regresa a Francia con Napoleón, acompañándole cuando va a ponerse a la cabeza del Estado en la larga jornada del 18 y 19 Brumario. El Primer Cónsul el 16 de abril de 1800 es nombrado Jefe de la Guardia del Consulado. Poco después, a la cabeza de la vanguardia, Napoleón le envía nuevamente a Italia, para que inicie la segunda campaña, derrotando a los austriacos en la batalla de Montebello, el 9 de junio de 1800, y cinco días después, el 14 de junio lo hace en la batalla de Marengo, donde sus hombres apostados en posiciones idóneamente dispuestas, resistieron durante siete horas los embates de sus oponentes que lanzaban impresionantes cargas, sin que aquellos hubiesen de ceder un palmo de sus asentamientos.

Quiso Napoleón premiarle con un descanso, y por ello le nombró Embajador en Lisboa, aunque su cargo fue efímero, debido a su total incapacidad para la diplomacia, al carecer de tacto y dotes de mediador dialéctico. Ante ello, Bonaparte, el 19 de mayo de 1804, le nombra Mariscal del Imperio. Puesto a la cabeza del V Cuerpo en la campaña de Austria, en 1805, mandaría el ala izquierda en la jornada del 2 de diciembre en Austerlitz.. En 1806 toma parte en la campaña de Prusia y derrota y somete al Príncipe Louis de Prusia, en Saalfeld. En la batalla de Jena, el 14 de octubre de 1806, mandará el centro de aquella máquina bélica que era la Grande Armée. El 26 de diciembre derrotará a los rusos en la batalla de Pultusk, donde nuevamente es herido. Vuelto nuevamente al frente bélico, toma el mando de la vanguardia en Friedland y durante cuatro horas resiste los asaltos del ejército ruso de Benningsen. En su retorno, en mayo de 1807, apoyo brillantemente el sitio de Dantzig.

Napoleón ante la brillantez de su trayectoria militar le premia ahora con el principado de Sievers y el ducado de Montebello

Destinado en 1808 a España, como Coronel General de Suizos, logrará un brillante triunfo en la batalla de Tudela, y su presencia conducirá a la victoria en el cerco de la inmortal plaza de Zaragoza. Después de ello, nuevamente es enviado a la campaña de Austria, donde se incorpora participando en la maniobra de Landshut y el 22 de abril en la batalla de Eckmühl. Cerco de Ratisbonne, donde tomó una escala y escaló los muros como si un soldado más hubiese sido venciendo aquel mismo año de 1809, en Abensberg, Ámsterdam, y en Essling, donde durante toda la jornada contuvo al ejército del archiduque Carlos, que triplicaba el número de plazas que aquel mandaba. El tesón y la extraordinaria valentía con que permanentemente recorría los puestos, hizo que al caer la tarde una bala perdida de cañón le hiriese gravemente en las piernas, resultando con ambas rotas y que hubieron de serle amputadas en improvisado hospital de campo en la isla de Lobau. Las tremendas heridas y la gran pérdida de sangre condujeron a que falleciese en la madrugada del 31 de mayo de 1809, en Viena, a donde había sido llevado, tras una agonía de seis horas. Era el primer Mariscal del Imperio que fallecía en combate.