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Ante la entrada de las tropas francesas en territorio español, algunos oficiales de Artillería fueron enviados a diversos puntos de la geografía para observar y tratar de anticipar informes relativos a los verdaderos deseos de los franceses. Entre los elegidos se encontraba el capitán de Artillería D. Pedro Velarde de Santiyán, que viajó a Buitrago para cumplimentar al Gran Duque de Berg y aprovechar para observar todo cuanto pudiese ser alertador de futuras intenciones hacia España. Velarde a la sazón era el Secretario de la Junta Superior del Arma y estaba destinado en las dependencias del Cuerpo en Madrid. Hoy podríamos decir que el capitán Velarde tenía carisma entre sus compañeros, principalmente ganado en su estancia como profesor en el Colegio de Artillería de Segovia, razón por la que muchos de los oficiales, los más jóvenes habían sido alumnos suyos en los últimos cuatro años, a pesar de contar en este momento veintinueve años escasos. Parece ser que tenía facilidad de palabra y que ésta era en momentos apasionada sin llegar a la vehemencia. Muy bien relacionado con sus jefes, al tiempo que respetado por todos, fue quizás básica su presencia aquellos días en Madrid. Su compañero, el también capitán D. Luís Daoíz de Torres, algo más antiguo que Velarde, había también llegado recientemente destinado a Madrid. Los artilleros tenían su cuartel en el Parque de Artillería, desde poco tiempo atrás ubicado en el recinto del palacio de los Duques de Monteleón. Allí parecer ser que se fueron fraguando los deseos de liberación del país ante lo que observaban como una encubierta invasión de España. Es claro que al menos el capitán Velarde tenia concebidos con anterioridad los planes para acudir a la defensa nacional, y que siguiéndolos sucumbió junto a alguno de sus fieles compañeros. De hecho su "Plan para el levantamiento y la defensa militar de España", entregado posteriormente por su tío D. Julián Velarde, el 22 de abril de 1814, y que lógicamente habría redactado Velarde en los días previos al de su puesta en marcha. Todos los involucrados debieron de tener en estos días una gran actividad, puesto que mantuvo correspondencia con muchos compañeros destinados en toda la geografía peninsular, al objeto de consolidar las actitudes a tener en cuanto surgiese la necesidad de acudir en defensa de la Nación. Puede por tanto decirse que al menos algunos de los componentes del cuerpo de Artillería habían tenido y seguido el plan preestablecido al que indudablemente se unieron también algunos miembros de otros Cuerpos que se habrían comprometido a reunirse en el Parque de Artillería madrileño o en los puntos señalados cuanto surgiese la necesidad o fuesen avisados. De entre los que mantuvieron vivo el plan, tenemos constancia de:


En Segovia:

En Plasencia:


Cuando años después fue interrogado el entonces teniente coronel Novella, dijo que "Velarde ... solamente consultó con el Comisario Ordenador de Artillería, D. Alejandro de Silvam, con el entonces coronel D. José Navarro Falcón, con el capitán D. Joaquín de Osma, con el Comisario D. Andrés Gallego, conmigo y con Daoíz.".

Por todos los Parques y Fábricas de la geografía española se establecieron las órdenes precisas para llevar a cabo los planes y estar preparados para que llegado el momento se pudiese dotar a la población con el armamento disponible. No obstante, el plan quedó aletargado debido a que no hallaban el medio de poder extenderlo sin atraer las sospechas, tanto de franceses como de españoles que pudiesen pensar en que comunicándolo a las autoridades estaban salvando al país de algún movimiento interno perjudicial.

Sobre las 8 de la mañana del día 2 de mayo, el capitán Daoíz llegó al Parque de Artillería de Monteleón, al poco entró el también capitán Cónsul, seguido al rato por el teniente Gabriel de Torres y el subteniente Carpegna. Parece ser que éstos se hallaban hablando en el patio del cuartel, mientras el teniente Arango daba las novedades y estado de la tropa al capitán Daoíz. Entretanto el capitán Velarde había ido a ver a sus jefes en la Junta Superior, y tras corto parlamento con el teniente coronel Navarro Falcón, sale en dirección al Parque de Monteleón, tomando un fusil de uno de los batidores, los que le ven no dudan en seguirle y así ocurre con otros dos oficiales auxiliares. Cuando alcanzan la calle, se les une una multitud de paisanos que les siguen en clara connivencia. Al pasar ante el cuartel de los Voluntarios del Estado, se detienen un momento mientras Velarde trata de convencer al coronel de aquel Cuerpo, logrando se le uniesen los hombres de la 3ª Compañía del Segundo Batallón, al mando del capitán Rafael Goicoechea, y los tenientes Jacinto Ruíz de Mendoza y Ontoria, el subteniente Burguera y los cadetes Pacheco y Rojo, junto con treinta y tres soldados. Aceleran el paso y sin mayor contratiempo alcanzan el Parque bajo una gran ovación de quienes les veían llegar tan inflamados de ese ardor patriótico que ya a todos embargaba.

Dentro del Parque comienzan a adoptarse las necesarias mediadas para la defensa del recinto, Daoíz se reserva la jefatura del recinto, mientras que Velarde se ocupará de organizar la informe masa de civiles que penetran en el recinto una vez que se abre el portón. Una de las primeras medidas adoptadas por Velarde fue la de arrestar a los soldados de Artillería franceses que allí se hallaban acuartelados. Al frente de cada sección del Parque se pone a los oficiales que les acompañan, quedando el mando directo subordinado a los que ya venían de cabecillas de los grupos.

El primero en caer fue Velarde, con una herida de bala en el corazón, fue en la puerta del Parque, "... a ocho ó diez pasos de la fuente que está en el patio, sobre la una menos cuarto de la tarde...", algo más allá Daoíz apoyado en un cañón se desangraba por una gran herida que tenía en una pierna. Parece ser que el general Lagrange fue a donde estaba Daoíz y profirió palabras ofensivas al tiempo que con la espada le tocaba en la cabeza. El capitán Daoíz aún tuvo fuerzas para atacar al General con su espada, logrando herirlo, pero un soldado francés por detrás le infirió una grave herida de bayoneta que le atravesó de espalda a pecho, quedando inerme en el suelo hasta que a eso de las tres consiguieron sacarle sobre una escalera de mano y un colchón, logrando llegar hasta su domicilio, calle de la Ternera, número 12, donde fallecería más tarde, "... sobre las dos y cuarto de este día...".


Marquesito