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LA BATALLA DE OCAÑA

por F. GUZMÁN


1.- INTRODUCCIÓN.-

Proclamado Rey de España Fernando VII tras el motín de Aranjuez, éste no tiene otro deseo que el de congraciarse con Napoleón, emperador de los franceses, buscar su amistad. Así, se concierta una entrevista con el emperador para legalizar lo ocurrido en Aranjuez; ésta se fijaría en España, en el camino hacia la frontera gala. Fernando VII se dejó guiar por el lugarteniente Murat y el embajador francés Beauharnais, cumpliendo órdenes del enviado del emperador, Savary, duque de Róvigo, el 7 de abril de 1.808. Éste, llegó a convencer a Escoíquiz y al duque del Infantado que sería grato al Emperador(que había salido de París rumbo a España) el que Fernando se acercara a saludarle.

Así, el 10 de abril, acompañado por sus consejeros privados (Escoíquiz, Infantado, San Carlos, Labrador, Ceballos, Ayerbe) y Savary, Fernando sale de Madrid, dejando la gestión de los negocios a una Junta Suprema de Gobierno presidida por el infante don Antonio y compuesta por los ministros Azanza, O´Farril, Piñuela y Gil de Lemus. Tal Junta había de estar en estrecho contacto con Fernando. Pero esto supone un vacío de poder, cuando Fernando, acompañado de Savary está pasando por carreteras exclusivamente controladas por el Ejercito francés.

Se trataba de que Fernando se acercase a Napoleón, que venia a España; Fernando nunca saldría de España. Savary convence a Fernando que continúe hasta Vitoria, después de haberse parado en Burgos. Fernando empezaba a entrever el peligro, pero una correspondencia de Napoleón a Fernando, transmitida por Savary, y una relación (que llegó el 18 de abril por la noche) de la Junta de Gobierno de Madrid avisando que Murat pretendía restaurar en el trono a su padre, Carlos IV, convencieron a Fernando VII que no había más solución que aceptar la invitación de Napoleón a reunirse con él en Bayona. El 19 sale de Vitoria y el 20 de abril, pasaba el Bidasoa e iniciaba un exilio que había de durar seis años.

Después de las claudicaciones de Bayona, Napoleón es el dueño del trono de España. Contrariamente a lo que pensaba el Duque de Berg (Murat), el emperador no pensaba en él para el trono de España, sino en su hermano José(Rey de Nápoles desde Marzo de 1.806).

La Junta de Gobierno (que se había ampliado a los gobernadores y decanos de los Supremos Consejos) tuvo en un primer momento el valor de salvaguardar su independencia frente al ocupante. Pero Murat amenazó con proclamar a Carlos IV y asumir en su real nombre las riendas del gobierno militar. En estas condiciones se reunió la Junta durante la noche del 1 al 2 de mayo: había que manifestar la soberanía nacional, declarando incluso la guerra a Francia, o ceder. Siguiendo ordenes de Fernando VII, transmitidas desde Bayona, había que conservar la paz y armonía con los franceses.

El empeño de Murat de dirigir hacia Bayona al infante don Francisco, prescindiendo de la aprobación de la Junta de Gobierno, aparece como una abierta provocación. El dos de mayo se produce en Madrid el famoso levantamiento del pueblo madrileño, que fue cruelmente sofocado por el duque de Berg. Este levantamiento, según G. Dufour 1, no fue la rebelión de los españoles contra el ocupante francés, sino la del pueblo español contra un ocupante tolerado (por indiferencia, miedo o interés) por las clases pudientes.

Frente a la opinión del emperador y de su lugarteniente, la noticia del castigo que se había aplicado a los rebeldes del Dos de Mayo no amedrentó a los españoles, sino todo lo contrario; la publicación del Bando de Murat del 2 de Mayo por la tarde, desencadena tumultos en Oviedo, en Badajoz y Sevilla se toman disposiciones para ejecutar las órdenes del bando del Alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, en el que llamaba a todos los pueblos a empuñar las armas y declaraba la guerra al ejército francés. La Guerra de la Independencia había empezado.

El 25 de Mayo, desde Bayona, Napoleón publica una proclama a los españoles en la que les informaba de las abdicaciones de Bayona a favor suyo. El Consejo de Castilla, aunque había aceptado por fin solicitar oficialmente la designación del rey de Nápoles, José, para hacerse cargo de la corona española. Después de las renuncias de Bayona y la sumisión de la Junta de Gobierno a los franceses, nadie, ni ningún organismo oficial, podía pretender asumir de por sí la representación del país.

Siguiendo a Dufour a esta desaparición del estado y derrumbamiento del sistema monárquico, nace la Nación2. La primera característica de este levantamiento es su talante específicamente local o regional.

Ante el vacío de poder que se produce y como forma de oponerse a los franceses y a las autoridades que aceptan sus ordenes, se crean las juntas de gobierno, llamadas Superiores y Provinciales. Todo empieza por motines espontáneos, nacidos de la indignación ante las noticias procedentes de Madrid. En Toledo la Junta la integran representantes de todos los estamentos de la ciudad3 y la preside el cardenal-arzobispo Luis María de Borbón.

Estas Juntas provinciales llenan el vacío de poder, levantan al pueblo en armas. Las Juntas locales son la expresión política de la lucha contra los franceses, así como la guerrilla es la expresión militar de esta lucha. El único denominador común de estas Juntas es su odio al enemigo francés. Ofrecen pues una contradicción dialéctica: al mismo tiempo son la manifestación de un proceso revolucionario y también son la manifestación de un espíritu estabilizador y conservador (que se juzgaba necesario para garantizar la paz interior e implicaba, por ejemplo, el pago de las rentas, derechos señoriales y diezmos eclesiásticos) motivado en la supuesta coincidencia de la voluntad popular con la del soberano prisionero en Francia.

Estas Juntas provinciales, por medio de sus representantes reunidos en Aranjuez, acuerdan formar una Junta Central Suprema Gubernativa del Reino (28 de septiembre de 1.808)4 presidida por el anciano conde de Floridablanca, de indudable prestigio.

La Junta Central se establece, después de haber pensado en Toledo, en Sevilla. A la muerte de su presidente, el conde de Floridablanca, los miembros de la Junta eligen al marques de Astorga y conde de Altamira, al que se le conoce con el nombre del "rey-chico".

Uno de los primeros actos de la Junta Central fue el de aliarse con Inglaterra, que orquesta la lucha europea contra Napoleón.

Mientras en el lado francés, Napoleón tras la derrota de Bailen (22 de junio de 1.808), no tardó en sacar consecuencias de esta derrota. El 5 de agosto de 1.808, tomó una serie de disposiciones destinadas a aumentar el número, la capacidad y la facilidad de las tropas francesas en España. Además Napoleón se encuentra con su aliado, el zar Alejandro I, en Erfurt (Sajonia), del 27 de septiembre al 14 de octubre. En las que se acuerda que en caso de una reanudación de hostilidades por parte de Austria, el zar actuaría. En esta reunión también se envían sendos mensajes de los emperadores al gabinete inglés para proponerle la paz. A lo que Inglaterra contesta el 28 de octubre de 1.808, que no descarta entablar negociaciones, con tal de no apartarse de ella a sus aliados, y entre ellos a los españoles insurrectos. Una condición inadmisible para Napoleón, pero que a la reciente Junta Central le confería auténtica categoría de gobierno.

Al día siguiente de la contestación negativa del gobierno inglés, Napoleón sale de París con rumbo a la frontera española.

El ejército francés tenía la experiencia de las nuevas tropas procedentes de lo más selecto de la disuelta Grande Armée. Y la desventaja de las tropas españolas consistía en la ausencia de unidad de mando y de estrecha relación entre sus jefes. La unión política que supuso la creación de la Junta Central no había surtido efectos todavía en lo militar, y Napoleón no tuvo que enfrentarse con un ejército español unido.

En tales condiciones, no es de extrañar el resultado catastrófico para las tropas españolas: el 10 de noviembre, el mariscal Soult entraba en Burgos y el mariscal Lefebvre derrotaba a las tropas del general Blake en Espinosa de los Monteros. El 19, cayó Santander y el 23 Ney y Lannes entraban en Tudela después de vencer a Castaños.

Pero la gran preocupación de Napoleón era apoderarse cuanto antes de Madrid, defendida en el puerto de Somosierra por 8.000 hombres mandados por Benito San Juan. El 30 de noviembre Napoleón vencía el último obstáculo que se oponía a la conquista de Madrid.

Desde el 25 de noviembre, la Junta Central había confiado el mando de la capital al general Morla y al marqués de Castellar; cuando llegan las noticias de Somosierra se crea una Junta de Defensa (presidida por el duque del Infantado), mientras la Junta Central se retiraba de Aranjuez con destino Badajoz. Tras tres días de resistencia, el 4 de diciembre, los generales Morla y Fernández de la Vega se presentan en el campo Imperial de Chamartín para anunciar la rendición de la capital. En este momento, y antes de entrar en Madrid, Napoleón expidió desde su campamento general de Chamartín cuatro decretos5.

Contrariamente a lo que daban a entender los decretos y la proclama de Chamartín, la toma de Madrid no era decisiva para el triunfo de las armas francesas, que a principios de diciembre de 1.808, sólo controlaban Cataluña, Asturias y las dos Castillas. Ante las noticias que llegaban de Francia, Napoleón mandó por escrito sus últimas recomendaciones (mejor, instrucciones) a su hermano José: atacar firmemente a los españoles y gobernar a España mediante la creación de Juntas reales dirigidas por un gobernador y establecidas en cada provincia. El 17 de enero de 1.809, Napoleón parte de Valladolid, llegando a Francia el 19.

Al marcharse a Francia, Napoleón había dejado a su hermano la tarea de acabar la conquista de España. Los ejércitos españoles aunque mermados, todavía representaban unos 120.000 hombres, frente al ejército imperial con casi 300.000 individuos. A pesar de la derrota de los ingleses en La Coruña (16 de enero de 1.809), no suponía el aniquilamiento de los ingleses, y un nuevo ejército mandado por Wellesley, no tardó en desembarcar en Lisboa el 22 de abril. También había que contar con la proliferación, dentro de los propios territorios ocupados, de partidas de guerrilleros6 que hostigaban las tropas francesas y dificultaron seriamente su avance, comunicaciones y movimientos.

La guerra tradicional, la lucha contra los franceses es de dos tipos: defensiva y ofensiva. La ofensiva vino de Portugal, donde Wellesley junto a las tropas de Craddock y las fuerzas portuguesas reorganizadas por el general inglés Bersford. Después de rechazar al mariscal Soult, que había penetrado en Portugal (mayo de 1.809), le persiguió por Galicia, obligándole a retirarse hacía Zamora mientras el mariscal Ney tuvo que replegarse hasta Astorga el 30 de junio. Así se liberó Galicia.

Los generales españoles Cartoajal y Cuesta intentaron también una operación concertada contra Madrid, pero fue interrumpida por la derrota del primero en Ciudad Real y del segundo en Medellín. Reorganizadas las tropas de Cuesta, se unieron a las de Wellesley y se enfrentaron al ejército francés mandado teóricamente por el propio José I (en realidad por el mariscal Jourdan) el 27 y 28 de julio de 1.809 en Talavera de la Reina. El resultado de esta batalla, que hubiera podido ser decisiva, fue incierto, aunque como señala Dufour7, cada beligerante reivindicó para sí la victoria. Según Jiménez de Gregorio8 la campaña de Talavera es una campaña indecisa, muy costosa y de escasos recursos y no se consiguió la victoria debido a la insidia de Wellesley, ya que a este lo que le preocupaba era la seguridad del reino de Portugal. Pero a pesar de todo Wellesley recibió el título de duque de Wellington, con el que ha pasado a la historia.

Otras tentativas de dirigir ejércitos para liberar Madrid fracasaron en Almonacid (donde fue derrotado Venegas el 11 de agosto). Las consecuencias de esta batalla fue la derrota del ejército de La mancha, el mejor organizado de los españoles. Toledo y Madrid seguían ocupados por el invasor.

2.- LA BATALLA DE OCAÑA.-

2.1.- ANTECEDENTES.-

Tras la Campaña de Talavera, la Junta Central refugiada en Sevilla desde la pérdida de Madrid, monta una operación de gran estilo con la idea de conseguir un nuevo Bailén que liberase el centro peninsular y evitara la invasión de Andalucía. El éxito obtenido por el duque del Parque en Tamames, incitó a la Junta Central a llevar adelante los planes de ofensiva que tenía meditados de antemano. De acuerdo con los mismos, el ejército de Extremadura, mandado por el duque de Alburquerque, efectuaría un ataque demostrativo en el sector del Tajo comprendido entre Almaraz y Talavera, para atraer allí una buena parte de las tropas francesas, mientras el ejército del Centro, reforzado considerablemente, avanzaba rápida y decididamente sobre Madrid, desalojando de la capital al rey intruso, y el ejército de la Izquierda se adelantaba, por Salamanca, Valladolid y Burgos, a cortar a los franceses la retirada a Francia9.

Wellington que, a principios de noviembre, visitó Sevilla para despedir a su hermano Ricardo, se esforzó en disuadir a la Junta Central de tan arriesgada empresa, exponiendo los inconvenientes que ofrecía el avance simultáneo de los ejércitos desde bases tan separadas, como el pie de la Sierra de Béjar, Trujillo y La Carolina.

La Junta Central, desoyendo los consejos de Wellington y anhelantes de un triunfo militar que les abriese las puertas de Madrid, comienza la reestructuración del ejército del Centro, antes de que el enemigo recibiera refuerzos de Alemania.

2.2.- PREPARATIVOS.-

La Junta Central, una vez convencida de la idoneidad de la campaña, decidió relevar en el mando en jefe del ejército del Centro a don Francisco Ramón Eguía, cuya prudente conducta permitió la incursión de Víctor hasta Daimiel, durante el mes de octubre. Se le sustituye por don Juan Carlos de Areizaga, que se encontraba en Lérida, comisionado por Blake, para preparar la resistencia de la ciudad a los ataques de los franceses de Aragón.

Areizaga, era un veterano militar que se había distinguido en la jornada de Argel del año 1.775, en Orán, en 1.791, y, sobre todo, en la guerra contra la República Francesa, de 1.793 a 1.795, mandando uno de los batallones guipuzcoanos y ejerciendo el cargo de ayudante de don Ventura Caro.

Pero en 1.808 se encontraba retirado, con el empleo de teniente coronel, aunque fue consultado por los generales Blake y Duque del Infantado para formar un plan con el que expulsar a José I de Vitoria. El general Blake le confió el mando de una de las divisiones del 2º ejército de la Derecha con el empleo de mariscal de Campo, al frente del cual contribuyó notablemente a la victoria de Alcañiz, pero su poca actividad en la batalla de María influyó no poco en la derrota final de su jefe.

Según señalan Priego López y Arteche Moro10, Areizaga carecía de profundos conocimientos militares y de las dotes de mando indispensables para ejercer con garantías el mando en jefe de un ejército tan numeroso como el que fue puesto a sus ordenes. Pero según los dos autores arriba citados, Areizaga contaba con buenos amigos en las altas esferas políticas de Sevilla, por lo que su nombramiento fue bien recibido y hasta acreditado en los primeros momentos. Así pues Areizaga fue llamado al ejército del Centro y nombrado Jefe el 22 de octubre de 1.809. Tomando posesión al día siguiente.

El ejército formado por la Junta Central era el mejor y más fuerte que España había conseguido reunir tras el desastre de Tudela. Bien uniformado, equipado y armado, merced a los envíos de los británicos, desembarcados en Cádiz desde el mes de agosto anterior, y no como ha señalado la historiografía francesa, como señala Arteche Moro11 que se encarga de rebatirlo con unas declaraciones de don Pedro Agustín Girón, marqués de las Amarillas, que mandaba la 3ª división.

El ejército se componía de siete divisiones y una vanguardia de caballería. Las divisiones mandadas respectivamente por don Luis Lacy, don Gaspar Vigodet, don Pedro Agustín Girón, don Francisco González Castejón, el mariscal de campo don Tomás Zeraín, el de igual clase don Pelegrino Jácome y el brigadier don Francisco Copóns. El brigadier don José Zayas jefe de la división de vanguardia. Don Manuel Freire, jefe de la caballería y el brigadier Muñoz San Clemente como ayudante de Areizaga. Todos ellos de lo más selecto del ejército español de aquellos momentos, con gran experiencia en la guerra con los franceses.

Los efectivos, según los diferentes autores van de un total de 51.857 infantes más un cuerpo de caballería de 5.766 jinetes, bajo el mando de Freire, y repartido también en cuatro divisiones, a las ordenes de don Juan Bernuy, don José Rivas, don Miguel March y don Vicente Osorio. Disponía además de 60 cañones, servidos por unos 1.500 artilleros, y de unos 600 zapadores. Sumadas pues la fuerzas no endivisionadas un efectivo de 59.723 combatientes12. Arteche Moro, que declara no haber descubierto un estado detallado de la organización del ejército del Centro, evalúa su fuerza en 51.896 infantes, 5766 caballos, 35 piezas de artillería y algunas compañías de zapadores13. Otros autores señalan cifras un tanto inferiores, pero sin basarse en ningún documento fehaciente14.

  1. Véase DUFOUR, Gérard, La Guerra de la Independencia.Madrid-1.989
  2. Ibíd
  3. Véase LORENTE TOLEDO, Luis. Bandos y Proclamas del Toledo Decimonónico. Pags 46-49Toledo-1.996.
  4. Véase. MARTINEZ DE VELASCO, Angel. La Formación de la Junta Central. Pamplona-1.972
  5. Véase DUFOUR Op. Cit. Pag. 76-78
  6. Para un estudio de la guerrilla en la provincia de Toledo, véase JIMENEZ DE GREGORIO, Fernando. Toledo en la Guerra de la Independencia de 1.808. Toledo-1.953 y Un guerrillero manchego en la Independencia: Manuel Adame, "El Locho". Ciudad Real, 1.954-1.955.
  7. DUFOUR, Gérard. Op. Cit. Pag. 100
  8. JIMENEZ DE GREGORIO, Fernando. Toledo y su provincia en la guerra de 1.808. Toledo, 1.980.
  9. PRIEGO LÓPEZ, Juan. Guerra de la Independencia (1.808-1.814). Tomo IV. Madrid, 1.972.
  10. Para más información militar sobre las campañas y batallas de la Guerra de la Independencia, puede verse PRIEGO LÓPEZ, J. Op. Cit. Y ARTECHE MORO, José. Guerra de la Independencia. Vol-7. Madrid, 1.891.
  11. ARTECHE MORO, J. Op. Cit.
  12. PRIEGO LÓPEZ, J. Op. Cit. Pag. 326
  13. ARTECHE MORO, J. Op. Cit. Vol-7. Pag. 282
  14. Para un estudio minucioso de los preparativos de la Batalla de Ocaña, puede verse en el Archivo Histórico Militar de Madrid (AHM, desde ahora), las Carpetas 59, 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66 , 67 y 69, del Fondo Guerra de la Independencia, pertenecientes a la colección Archivo Militar de Segovia.

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